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15.6.07

Mil quinientos cuarenta y siete


No había refugio ante semejante tormenta. Ocultarte bajo la cama servía de poco. Desde ahora, como antes, tu destino estaría marcado por cifras. Lo primero que deberías saber es que en tu futuro inmediato se vienen 200 kilotones; llevan tu nombre inscrito. No es justo, pero eso poco importa. Vienen por ti, pero estás muy asustado para pensar en eso. Sólo piensas en proteger a los chicos. Es difícil explicarle a tus niños lo que estaba pasando. Asustados, llenos de incertidumbre, te abrazaron tan fuerte como les permitía su pequeño y tembloroso cuerpo. Sintieron el pánico y no hacían más que llorar. Tu también llorabas, estabas aterrado. Apenas comenzaba la guerra.

No era tu culpa. No es culpa de los pequeños. Ni de tus vecinos, ni de los que estaban en los hospitales que fueron bombardeados. Cosas de la guerra. Cosas que pasan cuando te atacan de noche, desde lejos, por petróleo. Es probable que el tomahawk que estaba por acabar con tu vida fuera un error ¿Acaso no lo fue todo aquella noche? Ibas a ser parte de las cifras de mistakes. Una falla de la tecnología que se repitió centenares de veces. La libertad duradera debería ser más precisa en su accionar. Pero es mucho pedir. Mucho para esa noche; con el diluvio de fuego bastaba.

Nadie pensó en ti antes de presionar el botón. Tus hijos no fueron tomados en cuenta. No importaba si el más chico de todos, el consentido de la casa, quedaba huérfano sin siquiera tener edad para caminar. Cosa que no haría nunca, porque sus piernas fueron mutiladas con la explosión. Pero todo sea por la libertad, porque tus tierras fueron bendecidas con la bota todopoderosa; sin importar la historia milenaria, era mejor acabar con todo. Y sí habían armas de destrucción masiva y esa noche quedó en evidencia. Nadie pudo dudar por un segundo que sobre mesopotamia caían armas que destruían a masas indefensas. Tú entraste en esas cifras que se han querido ocultar. Los libertadores las maquillaron con mentira, redundando una vez más en el engaño de su forma de ser. Y ahora que te convertiste en un número también te querían borrar. Y lo hacen, te ocultan.

La verdad es que han pasado mil quinientos cuarenta y siete días desde entonces. Desde aquella noche interminable más de 50.000 civiles como tú y tus hijos, desarmados, inocentes, han muerto. 92% de las casas de Bagdad quedaron con daños estructurales, con deficiente servicio eléctrico y de agua potable. Un tercio de los niños menores de cinco años presentan síntomas de desnutrición aguda. Existe un promedio de 60 ataques de insurgentes por día desde el inicio de la invasión. La guerra ha costado a los norteamericanos más de 204 billones de dólares; un iraquí promedio gana menos de 200 dólares al mes. Cada treinta días mueren 20 personas a causa de minas. Hay un 40% de desempleo. Todavía, en Iraq libre, existen más de 200.000 soldados extranjeros. Se han encontrado 0 armas de destrucción masiva. Todavía siguen buscando.

Ubicación al escribir esta entrada:
Latitud 10° 30' N, Longitud 66° 50'W

16.1.07

La guerra


Corto: La guerra
Director: Luiso Berdejo y Jorge C. Dorado
Año: 2005
Duración: 8 minutos
País: España
Idioma: Francés