6.2.07

Crónicas de un mochilero (XVIII)


“Bonjour, mon amour”

A Cindy
Sofía me levantó muy temprano. Ya le tocaba regresar a Portugal. La despedida se prolongó bastante, tanto que me costaría asegurar que pudo tomar el avión a tiempo. El último beso fue en el metro; ella debía seguir hasta el aeropuerto y yo rumbo al noreste de París, donde estaba mi hostal.

En el trayecto hasta mi destino sólo imaginaba la cama del albergue juvenil. En mi ensoñación se veía mucho más cómoda y acogedora de lo que era. Estaba agotado y sentía que debía dormir un par de horas. Pasé el umbral de entrada del hostal, casi como zombie. Llegué hasta el cafetín a tomar algo de agua. En la mesa del fondo, hacia la derecha del salón, estaba sentada Gabriela, la mexicana. Hicimos contacto visual. Click. Recordé que había quedado con ella el día anterior. También recordé que la planté. Que no llegué a la cita para cenar en la Torre Eiffel. Me hizo una seña y me dirigí hasta su mesa caminando en medio de un laberinto de sillas mal colocadas, dispuestas así, como si alguien se hubiera dedicado por horas a hacer ese trayecto de pocos pasos en algo interminable.

Sabía que estaría molesta. Sabía que el embarque no había sido un buen detalle. Cuando llegué hasta allá estaba preparado para todo, menos para ella, para Gabriela. “Bonjour, mon amour”, me dijo en un tono que no olvido por su delicadeza. “Hola, Gaby. Buenos días”. Gabriela estaba dispuesta a oír mis excusas y yo a dárselas. Ella lo entendería sin molestarse. Gabriela no es una más del montón. Nos pondríamos al día. Le conté todo lo que había pasado y cómo había pasado, mientras tomábamos un amargo chocolate de hostal. Y yo evocaba con emoción mi pequeña aventura parisina, y ella me escuchaba con atención, le di los detalles, y llegó él y le dio un beso muy francés sin que ella lo esperara; ni hablar de mi sorpresa. “Él es Emilio”, me dijo entre risas placenteras, muy de Gabriela. Gabriela no es una más del montón. Gabriela tampoco es tonta. Algo me decía que el embarcado, en primer lugar, había sido yo.

Ubicación al escribir esta entrada:
Latitud 10° 30' N, Longitud 66° 50'W

5.2.07

Cinco cosas que no saben de El Chamo del 114

Todo muy chévere, pero creo que te faltaron otras cinco cosas que nadie sabe de ti, chamín. A ver, por dónde puedo comenzar:
1: Eres un nudista en potencia. Más de una vez se te ha visto recorrer desnudo las calles de la ciudad. Cree que nadie lo agradece.
2: Escuchas los Beatles, pero también pones a todo volumen canciones de Frankie Ruiz. A tus vecinos no nos gusta para nada la música de “el tártaro, el loquito” ¡Basta!
3: Tienes la mala costumbre de botar las colillas de cigarro por tu balcón. Sabemos que eres tú. Algún día te agarraremos in fraganti.
4: No te sabes estacionar de retroceso. Aprende, porque no se aguanta que uses dos puestos para ti solo.
5: Nunca cumples tu palabra ¿Las crónicas de un mochilero dónde están?

El vecino del piso 10

Meme: 5 cosas que no sabes de mi


Por ahí he leído sobre los memes. Hay unos bastante interesantes (original y su meme). Son como una plaga que se extiende por toda la blogósfera. Nadie me invitó, pero lo de arrocero es por convicción. Así que acá las 5 cosas que no saben de mi:

1.— Los Beatles se convirtieron en esencia imprescindible a la hora de escribir. La costumbre se convirtió en manía. No me puedo sentar a escribir si no escucho a Los Beatles.
2.— Soy un tipo enfermo. Necesito información todo el tiempo. No importa si es útil o no. Necesito saber el por qué de las cosas. Me molesta no tener idea de algo. Tal vez no lo externalizo, pero me siento un idiota supremo cuando no sé de algo.
3.— Odio comer lento. Me desespera comer despacio. Me parece la situación más aburrida del mundo.
4.— Soy un chamo con mucha suerte. Siempre he pensado que es así. Cuando estoy metido en el mayor de los problemas, todo el tiempo salgo bien librado. Las cosas me salen bien sin planearlo. Creo que llevo puesto el manto sagrado que está en el templo de la fé en Sabana Grande ¡Ja!
5.— Lloro cuando me provoca. Muchas situaciones me conmueven hasta las lágrimas. Cosas sencillas que me hacen sentir bien.

Ubicación al escribir esta entrada:
Latitud 10° 30' N, Longitud 66° 50'W

1.2.07

Érase una vez


Esta es una historia de las que se escriben mientras duermes. De esas que no tienen un final cierto, aunque así parezca. Cuando los protagonistas aun no están definidos, porque son el mejor de los secretos que nadie nunca guardó. Es un historia imaginaria que no está basada en la verdad. Que no tiene clímax, aun. Que espera por poder llegar. Comienza en una ciudad de luces que, sólo a veces, representa oscuridad. De esas historias que son cursis ¡Qué se le va a hacer! No es mi culpa, ni de quien escribe, porque él es sólo un espectador más. De esos que ven y dicen. De los que no aguantan callar. Esta es un historia sin capítulos, porque apenas comienza. De las que dan miedo, porque no se sabe como terminarán. De esas historias frágiles que cualquier cosa puede cambiar. De las que vibran si respiras y si no las lees no serán. Esta es la historia tuya, aunque no sepas que es así. Tal vez ni imagines de qué va todo esto, pues pistas no habrán. Sólo se construye con atrevimiento. De esas historias que escuchas en un barra de bar, si alguna vez estuviste ahí. De las que imaginan sueños que no pretenden serlo. De las que aburren si se está cuerdo. De las que necesito para escribir. De esas que te hacen sudar sin parar. De las que atrapan cuando no estás consiente. Esta es una de esas historias. Buena o mala, no lo sé. Es sólo una historia. No puedes pretender más de ella. Tan joven, que es la pobre. Tan tuya también. Es un cuento de madrugada que teme al amanecer, porque el sol todo lo descubre. De esas historias que se refieren a ti, pero aun no lo sabes. Pero lo sospechas, porque toda historia deja indicios. Y te preguntas si eres tú. Sí, eres tú. La protagonista de una historia que se atreve a comenzar. Es un pacto rebelde, de los que cada vez emocionan más. Una historia magnífica, pues. De las que no defraudan. De las que hay que vivir de una buena vez. De esas que esperan por la primera línea para ser. No hay nada que argumentar. Sólo escribirla. Hacerlo sin nada que reprochar. Una historia cruel si no se hace. Una en las que no hay mucho que pensar. Es la historia que nos pertenece y que tanto me hace desear. Está hecha de retazos, un collage incierto. Es esta la historia que se escribe mientras duermes.

Ubicación al escribir esta entrada:
Latitud 10° 30' N, Longitud 66° 50'W

30.1.07

¿Qué pasa en Últimas Noticias?



Hoy me sorprendí con el título principal en la primera página de Últimas Noticias. Mi asombro no fue producto de algún titular jocoso, propio del estilo de este diario. Sobre un fondo rojo se lee: “Nervios hundieron la nave”. La nota reseña el ataque de pánico que sufrieron en la final del torneo local los cerradores del Magallanes en el noveno innning contra los Tigres de Aragua. Todo dentro del contexto meramente deportivo. El partido fue hace dos días, la noche del domingo.

La Cadena Capriles, empresa editora de Últimas Noticias, también posee un diario deportivo, Líder, que, curiosamente, hoy no abre con el notición que provocó el titular en el periódico insignia de la Cadena. En Líder dedican la primera página a los trabajos de construcción del estadio de fútbol de Puerto La Cruz con miras a la Copa América a celebrarse en el país en unos meses.

Para la sala de redacción de Líder, diario especializado en deporte, la noticia de la derrota del Magallanes, producto de los nervios, dejó de serlo, como corresponde si tomamos en cuenta algunas característica básicas para que un hecho sea noticioso. Entre otras, el hecho debe gozar de actualidad, novedad y la noticia debe ser oportuna.

Entonces, se me ocurren varias preguntas:

— ¿Es esa la noticia más importante a nivel nacional hoy martes?
— ¿Qué le pasó al profesor Eleazar Díaz Rangel, editor de Últimas Noticias?
— ¿El titular de mañana tendrá que ver con los refuerzos de los Tigres de Aragua para la Serie del Caribe?

Lo cierto es que Sebastián de la Nuez, el ombudsman de Últimas Noticias, tendrá algo de trabajo extra esta semana.

Ubicación al escribir esta entrada:
Latitud 10° 30' N, Longitud 66° 50'W

25.1.07

El mejor en el oficio

Mi mamá nunca imaginó que me vería el lunes treinta de mayo de 2005 en el diario El Progreso. Ella no es muy amante de los diarios. Particularmente odiaba El Progreso. Yo, que era un poco más aficionado a la lectura, sí recorría sus páginas. Mi hobby consistía en encontrar errores, señalarlos y enumerarlos. Era realmente bueno en mi oficio. Al principio todo comenzó sin pensarlo mucho. Recuerdo el primer titular. A cuatro columnas se leía: “Resagada la delegación criolla”. Lo marqué con color rojo, mi color favorito. De a poco aquella mundana afición se convertía en obsesión. El promedio era de cuarenta errores en cada edición. Habían días gloriosos, días de setenta errores. Comencé marcando errores ortográficos, pero me hice cada vez más exigente. Entonces resaltaba errores de estilo y diagramación, todos en rojo. La edición 3245 estuvo inmaculada en doce de sus páginas. Aquella edición, la 3245, se convirtió en particular entretenimiento. Pasé semanas enteras revisándola en detalle. Buscando algún error de impresión en esa docena de páginas que, para aumentar mi desesperación, eran consecutivas. Por fin encontré un gazapo en un aviso de la tintorería Marbella. El número telefónico era incorrecto. El que aparecía en esa edición correspondía a una familia que vivía en la Plaza Miranda. Lo supe cuando llamé. Hablé con la señora de la casa y le insistí varias veces. Siempre me dijo que estaba equivocado, que ahí no había ninguna tintorería. Me lo juró. También me dijo que nunca nadie había llamado para preguntar por la Marbella y entendí que ese aviso, abajo en página par, no era muy rentable. Llamé a la tintorería Marbella y le comenté al dueño, un señor muy amable, por cierto, que el aviso no surtía efecto, que debía ubicarlo en otro sitio. Días más tarde, hurgando en las páginas de El Progreso, vi que los de la Marbella siguieron mi consejo y, por suerte para ellos —que no para mi— el número ahora era el correcto. El domingo 29 de mayo de 2005 me levanté muy temprano. Tenía ganas de desayunar, como lo hacía cada día, dos empandas de carne, de esas que son bien generosas, con un jugo de melón mientras leía el periódico. Ese día, Manuel, el del quiosco, no tenía El Progreso. No puedo negar que me perturbó. Tanto, que fui a La Paragua a buscarlo. Seguro allá lo conseguía. No llegué a La Paragua, ni a desayunar, tampoco cené. Nadie supo de mi hasta el día siguiente, cuando ocupé la última página de El Progreso, una página marcada de rojo, otra vez gracias a mis buenos oficios.

23.1.07

Éramos pocos



Corto: Éramos pocos
Director: Borja Cobeaga
Año: 2005
Duración: 15 minutos
País: España
Idioma: Español

P.S.: Este corto fue nominado recientemente a los premios Oscar

22.1.07

Estimado vecino

No pretendo que me saludes en el ascensor o entiendas que nunca iré a una reunión de la junta de vecinos. Mucho menos que comprendas mi morosidad, pues hace mis pagos de condominio más interesantes. No. Tampoco escribo para disculparme por haber salido con tu hermana -Sí, "salí" con tu hermana-. Sólo escribo porque me ofendiste, por lo tanto:

¡Jódete! ¡Más abstemio serás tú!

P.S. Usaré una famosa frase noventosa: "Aquí estamos y aquí seguimos"

El Chamo del 114

21.1.07

¿De qué va El Chamo del 114?


Yo, que me leo todos los post y comentarios de este blog, tengo meses tratando de descubrir qué se trae entre manos El Chamo del 114. De qué va, qué hace aquí, por qué escribe lo que escribe y si realmente es él quien escribe.

En principio, he recolectado algunos datos. Por ejemplo, el pana ha escrito en casi un año 17 Crónicas de un mochilero, lo que nos da poco más de una crónica al mes. Si tomamos en cuenta que prometió una crónica semanal entenderemos que tiene un déficit de treinta crónicas, aproximadamente. Concluiremos, pues, que es un demagogo. Esto en principio.

Por otra parte, El Chamo del 114 también prometió, a lo largo de todo este tiempo, mantener una serie de secciones fijas que nunca lo fueron —léase Jurungando mi I—tunes, los textos de hijo, Muñecos de váter, y pare usted de contar—, sobreviviendo únicamente la del mochilero. Lo que nos muestra un perfil de alguien poco constante.

Además, cabe acotar, que El Chamo del 114 es un cobardón. Se lanzó al ruedo presidencial, pero se retiró antes que Roberto Smith. ¿Qué sería de esta gran nación si todos fueran como él? Isbelia León no podría regodearse de los 789 votantes que la eligieron como alternativa de cambio en las pasadas elecciones, por ejemplo.

Vamos teniendo bien claro el perfil de este manganzón. Hasta ahora podemos enumerar: demagogo, inconstante y cobarde. También podríamos decir que es un coñoesumadre. Tanto, que estuvo meses sin escribir nada. Yo, como todo un bolsa, me metía de vez en cuando a ver si tenía el tupé de actualizar el blog. Cero. Después regresa con su cara bien lavada y pide excusas ¡Imbécil!

Y no sólo eso. El tipo también es un borracho ¡Válgame Dios! ¡Qué demonios hago yo leyendo los textos de un mal viviente! Un alcohólico que es poco divertido, por cierto. No es de esos borrachines que hacen la parada de manos, inventan un chiste, improvisan canciones o toquetean a mujeres desprevenidas. Tan mal borracho es que ni busca peos, el tarado. Es más, creo que todo es una farsa. Un show montado. Una mentira repetida mil veces. Seguro es abstemio.

Recomiendo a todos los que osan entrar a leer a este mamarracho que dediquen su tiempo a cosas mejores. Hay blogs más interesantes, que llenan más. Pido un boicot a este blog. Un blog que no tiene fotos de famosas venezolanas en traje de baño no merece ni una visita. Un blog que no hable de los últimos adelantos tecnológicos no está en nada. Así es este espacio y nadie debería entrar jamás.

El vecino del piso 10

19.1.07

Crónicas de un mochilero (XVII)

El cementerio y sus bellas sorpresas



El lunes comenzó muy temprano, a pesar de las copas de la noche anterior. La tertulia estuvo buena y la compañía mejor. Tenía pensado ocupar mi día visitando los cementerios más importantes de París: el del Père Lachaise, el de Montmartre, el de Montparnasse y el de Passy, ubicados al este, norte, sur y centro, respectivamente. Gabriela, la mexicana, no estaba interesada en ese paseo y optó por ir a Champs-Élysées ese día. Quedamos en vernos a las 21:00 horas para cenar en el Campos de Marte, a los pies de la torre Eiffel. Listo.

Desde muy niño los cementerios me han parecido maravillosos. Son sitios repletos de historia, muy generosos en arte. El cementerio es reflejo perfecto de una ciudad, de una cultura. El recinto te habla mil veces de las costumbres añejas, del contraste social. El Cementerio Père Lachaise, la primera parada proyectada en mi recorrido, es el más grande de la capital francesa y el más hermoso del mundo, según los conocedores — el Monumentale di Staglieno en Génova y La Recoleta en Buenos Aires comparten estos honores—. Las caminerías son amplias y está atestado te tumbas insólitas, algunos mausoleos gigantescos y nichos interminables. La vegetación en sectores es densa y es sólo gracias a las bien ubicadas señalizaciones que el visitante puede salir del inmenso laberinto rodeado de hermosas criptas.

Este cementerio representa la cuarta atracción turística de la ciudad, todo gracias a sus famosos habitantes. En la entrada del cementerio me dieron un mapa que mostraba la ubicación de las tumbas más famosas. Comencé con mi necroturismo y recorrí buena parte de aquello. Visité un rato a Chopin, vi a la Callas; entre Delacroix y Melie se me fue toda la mañana. Aun me faltaba encontrar la tumba de Jim Morrison que estaba en la intersección del callejón Maison y el Lebrun. A pesar del mapa di muchas vueltas y no pude encontrarla. Ya ni sabía dónde estaba. Me encontraba extrañamente solo y rodeado de muertos. Apuré el paso a ver si me topaba con alguien, pero no di con nadie. ¡Qué bolas tengo de perderme con mapa en mano!

Totalmente extraviado, doble en aquella esquina a la derecha y me topé de frente con ella. Me paralicé por un segundo mientras veía su rostro. Mi inglés nunca fue tan malo como en ese momento. Le comenté que estaba perdido. Ella también. Los dos buscábamos a Morrison. Le pregunté su nombre y me dijo que se llamaba Sofía y venía de Portugal. Entonces empezamos a hablar, cada quien en su idioma y nos entendíamos casi a la perfección. Caminamos un rato y encontramos la tumba de Jim. Nos tomamos unas fotos y seguimos hablando, y caminando.

Estábamos tan involucrados que en un instante dimos con la salida del cementerio y nos fuimos a comer algo. Que se jodan todos esos muertos, pensé. Otro día los visitaré. La belleza de Sofía es tal que ellos sabrán comprender. Confieso que no lo podía creer. Sofía tenía el cabello negro, negrísimo. Su piel estaba tostada por el sol de Ibiza, isla que había visitado una semana atrás. Su rostro era de facciones muy delicadas y ocultaba sus ojos verdes detrás de unos lentes oscuros. Vestía una falda de jean que aun hoy recuerdo. De hecho, recuerdo mucho mejor sus largas piernas. Perfectas.

Íbamos caminando sin rumbo por París. Buscando un buen sitio para comer lo que fuera. Así las cosas, nos sentamos en la grama de un parque, improvizando una especie de picnic. Habíamos comprado una botella de vino tinto. Comimos, bebimos y luego nos acostamos ahí a seguir hablando, cada vez más cerca. Muy a gusto los dos.

Sofía regresaba a Oporto al día siguiente. Se estaba quedando a las afueras de París en el piso de una amiga. Me invitó. Acepté. No dormí en el hostal esa noche. Tampoco me encontré en el Campo de Marte con Gabriela. Ya habría tiempo para dar explicaciones y pedir alguna disculpa. Hoy me tocaba vivir, disfrutar intensamente de París y de Sofía, la chica que conocí en el cementerio.

Ubicación al escribir esta entrada:
Latitud 10° 30' N, Longitud 66° 50'W

Contacto: elchamodel114

16.1.07

La guerra


Corto: La guerra
Director: Luiso Berdejo y Jorge C. Dorado
Año: 2005
Duración: 8 minutos
País: España
Idioma: Francés

10.1.07

Reunión en la 19-60

La casa estaba repleta. El desorden era evidente, pero eso estaba muy bien, en el debate que se abrió temprano, justo antes de ir al estudio 52 —que luego sería el 54—, Warhol aseguraba que todos teníamos derecho a quince minutos de fama, a lo lejos, Billy Shears le regaló una mirada de las que reprochan, pero a la vez aprueban, Warhol siguió en lo suyo mientras Marilyn hablaba por teléfono con un Di Maggio que nunca pudo superarlo; Joe estaba molesto, porque la rubia nunca le cantó el japiberdei, a la rubia poco le importaba aquello, después de trancar el silencio se hizo incómodo y Elvis se excusó para ir un momento al baño, del cual no ha regresado —por cierto—, aunque el fantasma de James Dean, que nunca falta en estas ocasiones, dice que lo ha visto, pero a esta altura se sabe bien de las ganas de joder que carga el Jim— que no es Morrison, porque ése anda de viaje por París—, todo esto adentro y en el exterior de la casa, que por cierto está decorada muy al estilo psicotomimético, gracias a las recomendaciones de un amigo en común, justo en el porche hay un problema entre Alí y Ringo, nunca se supo qué pasó, pero Yoko estaba involucrada, cosa de la que no se pude enterar John, porque ahí sí es que no me quiero imaginar lo que pasaría, entretanto, la reunión se pone interesante; una copa por aquí y otras por allá, el viejo Hofmann no suelta a la joven Dietilamida que es la más solicitada en el sarao que goza de invitados como Dylan quien le pone cerebro al momento y nadie lo duda, o Amstrong que va dando pequeños pasos mientras a lo lejos, por el área 51, se escuchan unos gritos que parecen ser del vietcong, pero no son, mientras, Kennedy prepara todo para dar una vuelta psicodélica por Dallas y el Ché posa para la foto que después se revelará, y por ahí anda un japonés que ve con recelo al alemán que no fue invitado, pero se coleó como pudo gracias a su nueva amistad con el francés, todo en mayo y Allende no sabe lo que viene, aunque ve por el pasillo a Janis que, muy a pesar de su madre, nació, cof, cof, ¡cof! Decía que la Joplin iba por el pasillo a llevarle algo de comer a Twiggy y a Santana que estaba en aquella esquina practicando un solo de guitarra que Zappa tildó de comercial, y la cosa se puso buena, pero la noche terminó antes de lo esperado.

Ubicación al escribir esta entrada:
Latitud 10° 30' N, Longitud 66° 50'W


Recomendaciones de hoy:
El blog: Vintage blog - El sitio: Psychedelic 60´s - La peli: Psycho, dirigida por Alfred Hitchcock - El trago: LSD - La Ñapa: Lo que sonó en los sesenta

Cashback


Corto: Cashback
Director: Sean Ellis
Año: 2004
Duración: 18 minutos
País: Inglaterra
Idioma: Inglés

Ubicación al publicar esta entrada:
Latitud 10° 30' N, Longitud 66° 50'W

9.1.07

Affair desde ella/él/aquellos/ése/usted/yo

Es mi turno. Esperé por mucho tiempo este momento que al fin llegó. Ahora me toca y debo aprovechar este instante. Mi momento. Es ahora o nunca. Me toca.

Le toca. Ya me tenía cansado con su cara de ansiedad, al fin se termina todo esto. Ojalá aproveché el momento. Su momento. Que le dé de una buena vez. Ya era hora. Lo sabe.

Qué se apuren. Llevan rato y me estoy desesperando. Qué se apuren mil veces. Esta monotonía aburre. Sino lo van a hacer que me dejen a mi. O eso o me voy. Seguro no se enteran de nada.

No entiendo nada, perdón por llegar tarde, alguien me puede decir qué esta pasando, no entiendo nada, porque había mucho de tráfico y llegué tarde, quienes son ellos, qué hacen parados ahí inmóviles, que alguien me explique, no lo nota

Por favor, manténgase alejado. Debe esperar. Es su turno. Aproveche el momento.

Voy.

Ubicación al escribir esta entrada:
Latitud 10° 30' N, Longitud 66° 50'W
Contacto: elchamodel114

7.1.07

Crónicas de un mochilero (XVI)

Certeza de una casualidad

A Gabriela, la mexicana, la conocí fortuitamente en el museo Pompidou. Ella, con ojos inquietos, escrutaba cada detalle del sito. A lo lejos me percaté de aquello. Al principio la miraba de reojo. Creo que nunca lo notó. Por lo menos no se lo confesé después. Gabriela sobresalía de los demás visitantes del museo, a pesar de ser una mujer muy normal. Su apariencia era más bien mundana, pero tenía algo que me llamaba la atención.

Tímido, como soy, guardé distancia por gran parte de la jornada. No sabía cómo abordarla. Cosas mías. A la distancia aprendí de ella instantáneamente algunos datos que me servirían a lo largo del viaje. Por ejemplo, Gabriela tenía la capacidad de gozar gratuitamente de una visita dirigida a ciertas áreas del museo. Sin que nadie lo notara —nadie, excepto yo— se unía a un grupo de turistas canadienses que habían pagado por un tour dirigido; de esta manera aprovechaba captar aquellos conocimientos sin tocar un euro de su presupuesto. Ella perfeccionó la táctica de agregarse a los grupos ajenos de tal forma que hacía preguntas y comentaba con todos los demás, cortando cualquier duda que pudiera generarse en el guía de turno.

A unos cuantos metros de distancia esperé mi momento. Cuando noté que Gabriela caminaba hacia otro grupo de turistas la perseguí y me puse a su lado. Ahí me instalé. Ella, instintivamente, levantó la mirada y, en principio, sonrío. Luego soltó una carcajada. Todos voltearon a vernos. Fue ahí cuando me percaté que este grupo era de japoneses. Estos turistas contrastaban completamente conmigo. Se notaba a leguas. Yo, con casi dos metros de altura, era, definitivamente, cualquier cosa menos japonés. Gabriela, muerta de risa, me tomó del brazo y me llevó hacia un lado. Ahí comenzó nuestra amistad.

Gabriela era fascinante. Mi primera impresión era cierta. Esa mujer tenía algo. Con ella hablé de todo y de nada. Era delicioso poder estar con alguien que dominaba cualquier tema. Intercambiábamos opiniones de nuestros países, hacíamos trueque culturales, nos reíamos, reflexionábamos, todo en una tarde. Además, ella contaba con un humor muy negro, cosa que me conmovió de inmediato. Oriunda del D.F., Gabriela había reunido por años el dinero para hacer este viaje. Estudiaba Sociología en la UNAM y su tiempo libre lo empleaba en viajar a Chiapas ayudando como voluntaria en labores con las comunidades. Además, tocaba el saxo. Una tipa completa por todos lados.

Ése día nos despedimos después de comer algo. Cómo es habitual cuando se es mochilero, cada quien toma su rumbo. Es una sensación muy extraña, porque se puede lograr una empatía tal que la despedida con alguien que apenas conoces se hace, por lo menos, algo nostálgica. Uno como mochilero nunca tiene la certeza de nada. Nunca se sabe a ciencia cierta si volverás a ver a tal o cual persona, si regresarás a un sitio.

En la noche de ese largo domingo, mi primer día en París, llegué al hostal y acomodé mis cosas para ir a dormir. Me acosté en la parte baja de la litera y no lograba conciliar el sueño, a pesar de estar totalmente agotado. Decidí bajar a tomar unas cervezas en el bar. Instantáneamente me uní a un grupo multicolor; lleno de alemanes, ecuatorianos, noruegos y un iraní. Al rato, escuché a lo lejos una carcajada que se me hacía muy familiar. Era Gabriela. Se hospedaba ahí mismo. Nos dimos un beso fraternal, como celebrando la casualidad. Otra —que no sería la última—, entre nosotros dos.

Ubicación al escribir esta entrada:
Latitud 10° 30' N, Longitud 66° 50'W

Contacto:
elchamodel114

4.1.07

La ruta natural


Corto: La ruta natural
Director: Alex Pastor
Año: 2004
Duración: 11 minutos
País: España


Ubicación al publicar esta entrada:
Latitud 10° 30' N, Longitud 66° 50'W

3.1.07

Nueva etapa

Comienza un nuevo año y tomé esa coyuntura como excusa para hacer unos cambios en la apariencia del blog. No soy muy ducho en esto, pero el cambio se nota. Poco a poco iré trabajando en mejorarlo un poco más. La meta es tener una plantilla de diseño original y no usar las prefabricadas que da la gente de blogger.

También les adelanto que publicaré algún corto o video hecho por acá y bastantes de los que encuentre por la web. Así se le da un toque más multimedia a la custión. Por ahí vendrán otros retoques.

Por lo demás, les deseo un gran año!

Salud!
El chamo del 114

21.12.06

Cada quien a lo suyo

— ¿Hola, cómo está?
— Bien.
— Por acá todo fino.
— Chévere.
— ¿Le pasa algo?
— No.
— ¿Seguro?
— Sí. ¿Por qué preguntas?
— Lo noto extraño. Deben ser cosas mías.
— Tal vez. Por cierto, puedes tutearme. Siempre te lo digo. Me haces sentir viejo.
— Está bien ¿En serio, no te pasa nada?
— No.
— Dime la verdad.
— Dios no existe.
— No jodas. Hablo en serio.
— Yo también.
— No comiences con eso. Sabes que no me gusta.
— Ok.
— ¿De verdad, qué te pasa?
— No sé. Últimamente me siento incómodo.
— ¿Cómo así? ¿Es por mi?
— No, son cosas mías.
— ¿Seguro?
— Seguro.
— ¿Qué hiciste todo el día?
— Nada.
— ¿Cómo que nada?
— Nada.
— No puedes seguir así.
— Lo sé.
— ¿Y entonces?
— Todo bien.
— No, todo no está bien.
— Tienes razón. Siempre es así. Siempre tienes razón.
— Ése no es el punto. Debes arreglar el problema.
— ¿Cuál problema?
— No comiences. Sabes que no puedes seguir así.
— ¿Quién dice?
— Te lo digo yo. Créeme. Yo estoy para ayudar.
— He oído eso antes.
— Sabes que lo digo en serio.
— Yo también.
— Cuéntame qué es. ¿Soy yo? ¿Te molesto tanto?
— ¿Siempre tienes que ser tú?
— ¿Qué quieres decir con eso?
— No tengo que explicártelo todo.
— Podrías.
— No estoy de humor.
— Últimamente nunca estás de humor.
— Así son las cosas.
— No deberían ser así
— Hablamos luego, te parece.
— No. Creo que debemos resolver esto.
— ¿Podremos?
— Siempre se puede.
— Lo dudo.
— ¿Qué te pasa?
— No me pasa nada. Esta conversación se está convirtiendo en algo estéril. ¿También lo notas?
— Sí. Tienes razón. Vamos a vernos.
— No puedo ahorita. Te llamo después.
— No me vas a llamar. Nunca lo haces.
— Lo prometo.
— No te creo.
— Ok. Hablamos luego.
— Está bien. Te llevo la factura después.
— Sabía que en el fondo querías cobrarme.
— Coño, tienes seis meses sin pagar. Es mi trabajo.
— Se me olvida.
— Siempre se te olvida.
— Estoy muy ocupado.
— Se nota. Llámame. Busco el cheque por tu oficina y hablamos de las cuotas.
— Como quieras.
— Por cierto, hay nuevos planes. Tenemos nuevos canales.
— Siempre caigo en lo mismo. No creo necesitar más canales. Hay setenta que no veo.
— Tranquilo. Verás que es una buena oportunidad.
— Ok. Hablamos luego.
— Seguro, señor.
— Vale. Chao.

nota de elchamodel114: a la gente de supercable por insistir.
Ubicación al escribir esta entrada:
Latitud 10° 30' N, Longitud 66° 50'W

Recomendaciones de hoy:
El blog (perdón): Las Ultra Fabulosas - El sitio: Supercable - La peli: Closer, dirigida por Mike Nichols - El trago: Let it lie - La Ñapa: Kidman verraca

18.12.06

No sé de qué escribir


Hoy, como pocas veces, me siento frente a la computadora sin saber qué demonios voy a escribir. Generalmente, cuando me dispongo a teclear algunas palabras tengo una idea leve de lo que puede salir. Hoy no es así.

Un texto sinsentido, sin orientación, huérfano de toda argumentación lógica, es esto que usted trata de entender en este momento, apreciado lector. En pocas palabras, usted es parte de un experimento antidepresivo de este servidor; aunque también puede tomar este texto como la típica respuesta a un examen de bachillerato, escrito a mano —y en bolígrafo—, en donde se le dan vueltas al asunto interrogado, pero eso sí, siempre el estudiante a ser evaluado hace bulto por todo el folio de papel para hacer ver a su evaluador que se domina una u otra materia, cuando no es así.

Lo cierto es que preocupa a quien les escribe no tener nada que lo impulse a redactar un par de líneas. Nada. Cero. No hay un tema. Hoy no hay pasión. Eso es lo que el chamo del 114 ha decidido llamar desesperanza acumulada, síndrome que le aqueja regularmente, pero que nunca se había manifestado con estos síntomas. Hoy no hay musas, ni anécdotas, ni amigos, ni país caribeño. Hoy usted termina de leer un texto desabrido y yo busco razones para seguir. Touché.