21.7.06

Voy por un paquete de cigarrillos y vuelvo


hijo
No vale la pena pararapan pan. Con el perdón de Juanga, comienzo estas líneas con una frase que resume el valor de las buenas cosas; esas hechas a conciencia y con esmero. No vale la pena.

Mirar bonito a alguien no vale la pena. Eso simplemente viene a corroborar la idea general de que eres un buzo, un loco en el mejor de los casos o un pervertido enfermo que, por desubicado, debería morir de tos. Hey tú, anormal: no eres ni seductor, ni romántico, todos saben a dónde apuntas y con qué apuntas. Olvídate de eso, wey. No te vistas, que no hay quien te desvista.

Lo mismo va con los que le echan bolas al estudio. ¿Trasnocho? Déjalo para el cine. Eso de amanecer haciendo tareas, de pasar de largo el sueño e irse de corrido a clases, pasó de moda; y lo que anda fuera de fecha, como se sabe, al pipote de la basura (o al traste, para los más internacionales). Siempre habrá quien luzca mejor, sea más popular y a fin de cuentas, estará mejor capacitado para cargar con el orgullo del éxito. Esto, como verdad incorruptible de la vida, es ley.

Trabajo, trabajo y más trabajo, eso mejor déjalo para los del ejército, pues es allí “donde se forjan los líderes del futuro”. Lucha, pelea, procúrate esa mejor posición laboral, la satisfacción de haber currado hasta no poder más te llenara de alegría y de vacío. Al final, la mejor posición laboral no es la que logras con esfuerzo, sino la que adoptas para llegar a donde deseas; ya sea un aventurero 69, o un clásico misionero con el jefe.

Pero para ti, estoy equivocado. Lo que para mi da en el palo y a la bolsa, para los demás no es sino un sordo grito de desesperación e impotencia. “Este pana erró el tiro y al banquillo”.

La frustración me abre los ojos, la inefectividad es redentora, burocrático dolor de bolas, un proceso en el que estamos solos.

Despedida. Fin.

Más que un hasta luego, un adiós.

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20.7.06

Esto es un micropost

¿Has estado ahí?

Donde el frío, es realmente helado. Donde un vaso de vodka, sabe realmente a vodka. Donde, paradójicamente, tú eres un yo.

Una vez pasé y me quedé. Estacionado, inmovil, sudando, sin miedo al vértigo, sin dar lugar al déjà vu y me pareció verte desnuda, por última vez.

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Fragmentos caraqueños


Titulo: Levita
Técnica: Reflex
Locación: Frente a la casa de Bolívar
Fecha: Diciembre 2005
Autor: Marcos Mendoza Saavedra

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16.7.06

Crónicas de un mochilero (XII)


La gent blaugrana

Tot el camp
és un clam
som la gent blaugrana
Tant se val d'on venim
si del sud o del nord
ara estem d'acord, estem d'acord,
una bandera ens agermana


Ahí estaba yo, con mi camisa del Boca Juniors, cómodamente sentado en un asiento de la segunda bandeja, justo en el cráter de un volcán que tenía muchos años con ganas de hacer erupción: el Camp Nou. A mi alrededor habían poco más de 98.000 aficionados del Barca; todos sedientos de victoria.

Desde afuera, el Camp Nou no sorpende por sus dimensiones. “Es que el estadio es engañoso. Igual que los culés. No se puede confiar en ellos”, me dijo un amigo, hincha del Real Madrid, por supuesto. Lo cierto es que este recinto, el más grande de Europa, está construido por debajo del nivel de suelo, así que las personas que caminan por la avenida Aristides Mallol apenas detallan la parte superior del estadio; lo que sobresale del subsuelo. El resto del coso está adherido a lo más profundo de las entrañas de la ciudad; así como todo lo referente al FC Barcelona. Hablar de la ciudad condal y del club que lleva su nombre, es prácticamente lo mismo.

Esa tarde/noche se celebraba el tradicional trofeo Joan Gamper, en honor al fundador del club. En este partido se hace oficial la presentación de toda la plantilla a la afición. Así que el espectáculo siempre promete. La voz del estadio va anunciando a cada uno de los jugadores antes de saltar a la grama y el público responde con gritos de euforia cada vez.

A mi lado estaba un aficionado culé que durante todo el partido no hizo más que quejarse del equipo. Con su voz ronca y desgarradora, gritaba a los cuatro vientos cualquier cosa que se le venía a la cabeza: “¡Me cago en los muertos de tu abuela, Rijkaard!” “¡Gerard al Valencia!” “¡A mover el culo, gilipollas!” “¡Geraaaaaaard al Valencia!” “¡No me rompas los cojones!” “¡Gerard al Valenciaaaaaaa!”. Todo le parecía mal, especialmente todo lo que hacía Gerard. Nada estaba ejecutado correctamente por los jugadores en el campo. Este señor sufría del síndrome de “DT en tribuna”, enfermedad que aqueja a más de uno que siempre cree saber más que los entrenadores, el presidente del club y el todopoderoso Johan Cruyff. —Mentira, lo que dice Cruyff en Barcelona es palabra santa.—

Los bosteros se adelantaron en el marcador. Anotó el gol un tal Carlos Tévez y lo celebró en grande. Fue un disparo que pegó en poste superior del arco y apenas traspasó la linea de gol. FC Barcelona 0 — Boca Juniors 1, se leía en la pizarra electrónica. Yo, estaba muy feliz. En principio, porque Boca es un gran club; después, porque eso hacía molestar mucho más al tipo que estaba a mi lado; también, estaba acompañado por El Tuyío, Arturito, Jorge y El Maestro, todos culés hasta los tuétanos, así que eso los amargaba más y despertaba el fantasma de no ganar un título en años; por último, soy madridista y es intrínseca la alegría en mi cuando el Barca cae en desgracia. Qué se le puede hacer.

El Barca reaccionó después del gol encajado. Para mi desgracia, ese año a la nueva presidencia del club se le había ocurrido fichar a un jugador brasileño. Un tipo que hace del fútbol un deporte inverosímil con tanta magia y, para más, se la vive mostrando una gigantesca sonrisa imperfecta, cargada de alegría y de inocencia infantil. Él, realmente juega con el fútbol: Ronaldinho Gaucho. En ese primer partido ante su nueva afición, Ronaldinho parecía decirle a todos que nuevos tiempos llegarían. Caños, pases magníficos y paredes irreales nos regaló el carioca en su primera noche. Nosotros —porque no puedo negarlo— respondimos con aplausos infinitos.

El Barca empataría un juego que, luego, ganaría en penales. Como si hubiese escuchado durante todo el encuentro esa voz atorrante y carrasposa que tanto le recordaba lo mal que jugaba al fútbol, Gerard anotó el tanto de darle el empate a su equipo y lo celebró viendo hacia donde estaba sentado el viejo a mi lado. Gerard parecía verle a los ojos. En nuestra fila se sintió un silencio que duró un par de segundos, a pesar de que el estadio se caia de emoción. En eso, mi vecino de butaca sólo grito: “¡Yo sabía, chaval! ¡Qué gran gol! ¡Qué grande eres Geraaaaaaaaaaaaard!”

Recomendaciones de hoy:
El blog: Hala Madrid - El sitio: Real Madrid - La peli: Real, la película, dirigida por Borja Manso - El trago: Madrid - La Ñapa: "illa, illa, illa, Juanito maravilla, se ve, se siente, Juanito está presente"

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13.7.06

Querido lector:

De un tiempo para acá, tal vez has notado que algo pasa en nuestra relación. Ya no es lo mismo de antes. Tal vez nos creamos muchas expectativas. Quizá fue la rutina. ¿Qué sé yo?
De mi parte, sólo te puedo decir que fallé muchas veces, pero es de humanos errar. Y yo, a pesar de toda esta virtualidad que nos rodea, lo soy. Además de humano, desordenado. Muy desordenado; cosa que va bien con mi caos particular, pero que es muy difícil de comprender para otros —no es una indirecta con vos—.

Sé que reclamas un poco de atención. Estás en todo tu derecho. Pero creo que eres bastante egoísta. ¿Acaso te he reclamado por no comentar en alguno de los post que publico? ¿He puesto alguna objeción cuando me entero que andas visitando otros blogs y te olvidas por completo de la existencia de este espacio? Tu egoísmo no te deja ver eso. Estás ciego.

No creas que no he notado que ya ni pasas por acá. El abandono es mutuo. Pero tal vez la culpa sea mía. Tal vez yo tenga que mandar todo al carajo y sentarme a escribir pendejadas en la computadora por el resto de mi vida. Seguro que eso te gustaría. Y cómo hago con el resto de mis vainas ¿De dónde saco el cochino dinero que me gasto en alcohol si no trabajo? ¿O es que ahora no te gusta que me beba el sueldo? Porque, te recuerdo, que cuando nos conocimos yo ya era un borracho.

De cualquier forma, yo no quiero perder todo lo que hemos logrado. No voy a botar por la borda tantos meses. Me voy a esforzar. Sacaré tiempo de donde no lo tengo, como muestra inequívoca de mis puras intenciones, pero exijo lo mismo de ti.

Me ha costado mucho hablar de esto contigo. Pero creo que era inevitable. Tenía que dar la cara. No me gusta estar en plan de “hacernos daño”. De cualquier forma, no eres tú. Soy yo.

El Chamo del 114

Nota del chamo: Siempre hemos tenido las reglas claras desde el principio —sólo te lo recuerdo en tono afable—: “La monstruosa resaca que produce la brutal ingesta de ron en los bares de Caracas deja como consecuencia espacios como éste. Las autoridades deberían tomar medidas urgentes para estos casos ¡Ja! Está claro que este blog puede quedar abandonado muy pronto, porque no hay ratón que dure cien años.”

11.7.06

hijo

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8.7.06

Tengo mocos


hijo

“Hola, qué tal. Soy gripe. Seguramente me reconoces por mi participación en episodios tan importantes de tu vida como tu matrimonio, tus vacaciones, tu primer beso o uno de esos días cualesquiera en los que pretendías comenzar algo grande. – Hija de puta! – Presente”.

La espalda duele, los ojos cierran temprano. La voluntad no vino y las ganas de hacer se hicieron nada. Moco como lava (por ardiente, no por limpio). ¿Y la garganta? Arde. Limonada con pastillas: Muy bien. Estar mejor. Mentira, sólo por un rato.

Dispensen las molestias. Trabajamos para su comodidad.

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2.7.06

Catalepsia

A Daniel, por recordar en estos días su ya superada crisis existencial de bachiller.
A Bono.
A mí cuando tenía 15.


A quién se le habrá ocurrido comprarlo de saqui—saqui. Ese olor me perturba; pero no tanto como la profunda oscuridad. Aunque lo peor de todo es el aburrimiento. Ya me fastidié de tararear canciones de Lavoe, cosa que no es fácil. No hallo qué hacer. Ni un sudoku tengo para pasar el tiempo. Qué aburrido es todo esto acá.

Me pregunto por qué nadie esperó un poco más. Creo que es culpa de la ciencia. A la larga, los médicos son como la televisión: todo el mundo cree ciegamente lo que dicen. Pero el azar también influye. Me tocó el peor de todos los matasanos de la comarca, aunque sea compadre de mi buen amigo Tito. Lo mio fue cuestión de –mala- suerte; así como sintonizar uno de esos nuevos programas de PNI y que el control remoto se quede sin baterías.

¡Qué hijueputa es ese doctor! Espero que, por lo menos, no sea egresado de la Central. ¡Qué raya!

Ahora, por qué nadie esperó un poquito más. ¿Será que el chivúo me está pasando factura por andar pregonando mi agnosticismo? ¡Jaaaaaa! Por lo menos aun conservo mi sentido de humor. ¡Ja, ja, ja!

Seguro mi mama está llorando en este momento. Pobrecita mi vieja. Tanta vaina que le eché, pero esta vez superé todos mis récords anteriores —creo—. Olvidados deben estar los mordiscos que le hacía a mi hermano mayor en medio de las trifulcas de siempre y que tanto sacaban a mi madre de sus cabales. Seguro que mi viejita ahora no recuerda las magníficas obras de arte que plasmaba en las paredes de mi recién pintado cuarto de infancia, con ayuda de unas témperas que ella me había comprado para clases de artística. Mil cosas. Escapadas, eternos ataques de adolescente traumatizado, novias que no le gustaban. Ahora me siento culpable por estar acá en plenos carnavales.

Pobre de mi mujer. Se veía tan triste. Me daba cosa verla así, tan devastada. Aunque estaba como demasiado destrozada. Ella es de profesión actriz, pero de las mediocres. ¿Será que está mejorando en su oficio? Bah, no creo. Ella me adora. Alguien debe estar en este momento al lado de la pobre. ¿Quién estará consolándola?… ¡Coño, seguro es alguno de mis amigos! ¡Qué no sea Tito!

Seguro que es el sangre e´ chinche del Tito. Yo siempre sospeché que a él le gustaba mi hembra. Creo que fue desde que me dijo, en medio de una de sus borracheras: “¡me gusta tu hembra!” ¡Con razón miraba atentamente por la tapa del ataúd! Él sí se quería asegurar que no me levantara. Malvado, Tito. Capaz estará planeando como entrar en MI cama, con MI mujer, después de beber MI brandy ¡Tito! Ahora me arrepiento de no haber tenido, por lo menos, tres muchachos con ella y ponerla deforme. Sólo a mi se me ocurre pagar por su operación de tetas y no poner esas mamas a trabajar. Ahora vendrá Tito, el fresco, en plan de querer palpar el trabajo del doctor Pacillo.

Calma. Sé que gritar ya no vale de nada. Eso aumentaría mi desesperación. Apenas si me puedo mover. Aquí adentro apesta a muerte. ¿Seré yo? ¡No! Es el saqui—saqui. El saqui—saqui húmedo huele mal.

Yo que soy un carajo tan de pinga. ¡Me va a tocar pasar por esto! Por lo menos espero que nadie se entere. Si alguien lo sabe, me jodí –más aun-. Ya me imagino el chistecito post mortem en boca de todos cuando escuchen en alguna boda la canción: “No estaba muerto…” ¡Qué mierda! Seré recordado por una canción que versionó Roberto Antonio.

¿Quiénes estarán a mi lado? ¿Quién sera mi vecino? Espero no sea algún malandro. ¡Seguro es un malandro! Me imagino a todos sus amigotes bebiendo anís el día de su cumpleaños; así como cuando celebraba los míos. Esta vaina se llenará de manganzones armando alboroto con su botella de miaoevieja, acompañados por un brujo de tercera fumando tabaco.

¡Qué carajo! No me voy apreocupar. Ahora sólo debo esperar; al igual que todos. De alguna forma —y sin saberlo— ya están metidos aquí, lo demás es cuestión de suerte. Por lo menos a mi no me cremaron…

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1.7.06

hijo

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29.6.06

Fragmentos caraqueños


Titulo: Vacíos
Técnica: Color Digital
Locación: Enalgunlugardelosnaranjos
Fecha: 2006
Autor: Ariana Basciani

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25.6.06

Crónicas de un mochilero (XI)

“Hoy conocimos Montjuic”

El Tuyío debía hacerle compañía a Jorge en el hospital. Así que sólo Cori y yo nos dedicaríamos a recorrer Barcelona. De todos los del grupo, éramos los que conocíamos menos la ciudad. De cualquier forma, decidimos comenzar por Montjuic. De referencia sabíamos que era una montaña —¡duh!— y que ahí estaba el estadio del Spanyol. Sólo eso.

Tomamos el mapa y vimos que se podía subir en teleférico. Así que fuimos después del desayuno hasta allá. Pasamos todo el día juntos y en la tarde regresamos al apartamento. Un par de horas después, ya casi de noche, quedamos con El Tuyío para ir a cenar algo los tres. Nos queríamos dar un gusto.

En principio, teníamos planes de ir al Hard Rock Café, pero el sitio estaba muy lleno y no valía la pena tanto agite para comer unas hamburguesas. Caminamos un poco por La Rambla y dimos con el sitio: un restaurante italiano que quedaba cerca de Plaza Catalunya. Nos sentamos en una mesa que estaba en piso superior del local y ordenamos.

— ¿Qué hicieron hoy?— nos preguntó El Tuyío después de pedirle al mesonero unas cervezas que aparecían en la carta y tenían un nombre extraño. Eran las más caras.

— Fuimos a Montjuic. La pasamos fino — respondió Cori.

— Sí, subimos por el teleférico. Llegamos al castillo y recorrimos todo el museo que hay ahí. Tomamos un montón de fotos.

El castillo en cuestión es el viejo Castell del Port. Está situado en la cima de Montjuic y era un punto estratégico siglos atrás ya que desde ahí se puede divisar la ciudad por una parte y, por el otro costado, se ve el hermoso mar Mediterráneo. Ahora, el castillo abre sus espacios para que funcione el museo militar.

— ¿Y qué más? — repreguntó El Tuyío.

— Bueno, eso ¡Hasta nos montamos a escondidas en una ametralladora antiaérea! Deja que revelemos las fotos para que veas— respondí orgulloso de nuestro acto cuasi vandálico.

— ¿Y entonces? — insistió mi diminuto amigo.

— Nada. Después de recorrer el museo completo nos tomamos unos refrescos y bajamos— le dijo Cori.

— ¿No fueron al Poble Spanyol, al Palau Sant Jordi o al Museo de Arte de Cataluña?

Cori y yo nos miramos a la cara ¡Qué par de idiotas! Pasamos todo el día metidos en un castillo pensando que sólo de eso se trataba Montjuic. No conocimos más nada. Nos perdimos del resto. Se nos había olvidado ir al estadio donde se celebraron las olimpíadas del 92. No le preguntamos nada a nadie y ni siquiera miramos el mapa ¡Qué par de tontos!

En ese momento llegó el mesonero con las cervezas de extraño nombre que había ordenado El Tuyío. Las destapó y sirvió en los vasos. Sabían extraño. Luego nos dimos cuenta que eran cervezas sin alcohol ¡Vaya día! ¡Salud!

Recomendaciones de hoy:
El blog: Daniel Chapela - El sitio: Cartman Land - La peli: Central do Brasil, dirigida por Walter Salles - El trago: Cerveza (sin alcohol) - La Ñapa: Festival Latinoamericano de cortos
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24.6.06

Nací víctima


hijo

Todo me pasa a mí. Nadie me quiere y el que dice que me quiere lo hace por interés. No sé si será porque soy mujer o porque no soy tan flaca como las pavas de ahora. Ellas que se mueran de hambre, si les da la gana. Mi ex marido es un muérgano que me dejó por un par de piernas y mis hijos ya ni pasan por la casa si no es a pedir dinero o a dormir. Uno de ellos anda con amigos rarísimos. Siempre anda como apagado y nunca dice nada coherente. Creo que se droga. El otro, es un borracho, pero eso ya es otra cosa. Estamos hablando de mí. ¿Acaso no merezco amor? Nadie me lo da. No lo busco, pero igual nadie me lo da. ¡Merezco amor y nadie me lo da!

Mi vieja es una ladilla. La tipa es realmente inmamable. Me sirve la moncha y se pone a gritar hasta que voy a comer... qué energúmena. No me la tripeo. ¿Le cuesta burda comprender que pertenezco a una generación que marca su propio ritmo y que no sigue convencionalismos? Yo soy un tipo intenso y si le molesta el humo en mi cuarto, que arranque, no joda. Se pone a fantasear con que yo busque trabajo y aparte, me jode la vida porque no estudio lo que ella quiere: una carrera, cual sea. Ya lo dije: soy un tipo intenso, lo mío es el arte. No dibujo ni escribo ni nada de esas mariconadas, eso si. Mi cometido en esta enfermedad terminal llamada vida es disfrutar de sus placeres. ¿Me sigues, no? Sé que te lo tripeas.

Nadie se preocupa por mí. Ayer mi novio me dijo que soy una tonta por andar discutiendo lo que (para él) son temas triviales. ¡O sea, hello! ¿Para qué cree él que somos novios? ¿Para andar siempre agarraditos de la mano y disfrutando de nuestra mutua compañía? Yo necesito alguien con quien hablar de la gorda esa que es una malvestida, y de la horrenda esa que se cree súper inteligente. Aparte, tiene la mala costumbre de querer hacerme ver otra visión, eso que él llama la otra cara de la moneda en todos los problemas que le planteo. Qué troglodita, o sea, es un egoísta. Lo que le falta es irse a casa de su mamá en el interior sin decirme que me va a extrañar.

Pero ya lo decidí. De ahora en adelante, no tendré consideraciones con nadie. Viviré por mí y para mí. Ya basta del carajito bonito que ríe cuando le hacen caritas. Se acabó el carajito que tiene que llorar por su tetero. Ya no más gu-gu ta-tas; al carajo con la maestra y su cajón de arena. ¡Al carajo todos! ¡Al carajo tú y tu jardín de niños! Ya que vivo en un mundo al que ni siquiera pedí venir, por lo menos trátenme con consideración.

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22.6.06

¿Y si no hubiera hecho eso?

La vaina no es arrepentirse. No. Lo hecho, hecho está. Pero por cosas del insomnio —o los gritos de una conciencia que aturde— en estos días me puse a pensar qué sería de mi vida si en ciertos momentos —muy específicos— hubiera tomado una decisión distinta. Mi ánimo no era el de juzgar si lo había hecho bien o no. Nada de eso. Sólo quería hacer un ejercicio, por demás, creativo.

Antes debo confesar que eso de imaginarme escenarios probables no es algo nuevo, pero lo de la otra noche fue distinto. Dediqué un par de horas a pensar en aquello. Hice una lista mental de momentos claves. Tal vez, si no fuera tan ocioso, habría quedado rendido a los quince minutos, pero soy lo que soy.

Hecho #1: Cuando me gradué de bachiller negué toda posibilidad de estudiar la carrera que me gustaba, porque el cupo que había conseguido era en una universidad del interior. El problema no era tener que vivir a 800 kilómetros de mi casa. En ese momento, mi prioridad era una noviecita de la que estaba totalmente enamorado. No me importaba más nada.
  • Escenario probable: Con todo el dolor del mundo habría hablado con mi noviecita, que en adelante llamaremos “la original”. Ella seguro sabría comprender mi decisión. Una vez instalado por allá lejos, estaría compartiendo apartamento con la que se convertiría en mi novia del interior, pero siempre tendría en Caracas a “la original”, porque seguro visitaría a mi familia de vez en cuando. La del interior era ninfómana, además de ser muy inteligente y cariñosa. Su único problema sería que cocinaba muy bien. En clases me iría genial y me graduaría cum laude en cuatro años y medio.
  • Lo que pasó: Me quedé con "la original". Ella no se quedó conmigo. Después de unos meses me mandó camino de Guanajuato, por unas presuntas infidelidades que me achacaron las malas lenguas ¡La gente sí habla gamelote! Simultáneamente comenzó mi vía crucis por las universidades capitalinas y estudié de todo. Después de rodar por cuanto campus existe en esta ciudad, por fin llegué a donde quería. Han pasado siete años desde mi graduación de bachiller y el título de licenciado debe esperar todavía un año más.

Hecho #2: Las presuntas infidelidades que me achacaron no eran tan presuntas. Lo cierto es que en esa época andaba, como dicen en el básquet, on fire. Carajita que veía, carajita que tenía algo conmigo. De verdad eran buenos tiempos ¡Me la estaba comiendo! Pero siempre llega alguien que echa a perder las cosas y todo se descubrió súbitamente.
  • Escenario probable A: La fidelidad era sinónimo de mi nombre. No voltearía a ver a ninguna mujer. Estaba contento con mi chica; por algo había rechazado la oportunidad de ir a estudiar en el interior. Además, estábamos haciendo planes para casarnos. Éstos se concretarían un par de años después. Nuestro matrimonio comenzaría muy bien. Los primeros tres años serían de ensueño, pero todo se vendría abajo por culpa de la nueva secretaria de la compañía. La secretaria sería una jóven del interior -bellísima-. No sé si les aclaré que era la ayudante de “la original”. Yo tenía un par de meses desempleado cuando descubrí todo el affair.
  • Escenario probable B: Descubrí quién fue la persona que comentó sobre mis escapadas. Entré en un ataque de ira. Pasaron varios días y la cárcel de Tocuyito se convirtió en mi nueva casa. “La original” iba a visitarme una vez al mes, porque le daba pena ajena mi situación.
  • Lo que pasó: Quedé más enguayabado que antagonista de telenovela. El despecho me duró muchos meses. Pasaron los años y tuve varias novias. Ahora estoy soltero y buscando meterme en un lío. A “la original” más nunca la volví a ver. No me la encontré ni de casualidad.

Hecho #3: Una noche me puse a pensar qué sería de mi vida si hubiera tomado algunas decisiones distintas.
  • Escenario probable: Mi vida no sería mía. Estaría viviendo una farsa. Nada me pertenecería. Todo sería irreal.
  • Lo que pasó: Me puse a escribir sobre eso y alguien lo leyó.
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Fragmentos caraqueños


Título: Bienvenidos
Técnica: Digital
Locación: Centro penitenciario "La Planta"
Fecha: 2005
Autor: Daniel Mariani C.

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21.6.06

Jurungando mi iTunes


Esta semana:
Bersuit Vergarabat

En el escenario se les ve ataviados con pijamas. Parecen unos dementes… esa es la idea. Lo hacen en homenaje a los pacientes del un hospital clínico de Buenos Aires. Del 92 hasta la fecha, esta banda argentina ha publicado ocho discos de “rock combativo”. Últimamente andan en una onda de incorporar ritmos latinoamericanos a sus piezas. Un toque que los distingue.

Tal vez en Venezuela se les recuerde por una canción llamada Señor Cobranza, pero la bersuit tiene mucho más. Las críticas al sistema político argentino —que no dista mucho de la realidad en todos nuestros países— y a las múltiples caras de una sociedad injusta, están a flor de piel en las letras de este grupo. Sólo puedo recomendar que busquen material de esta gente y se lo disfruten.

La canción de hoy: “En un país de mudos, se escucha un gran silencio. No se percibe que algo va a pasar.” Así comienza Perro amor explota. No lo busques, que está ahí. Llegará. Sólo queda esperar.

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20.6.06

Crónicas de un mochilero (X)

Detrás de la pared de vidrio
La escena no comienza en el séptimo piso del Hospital de Vall d'Hebron en Barcelona. Pero era en ese lugar donde estaba Jorge —el hermano mayor de El Tuyío— acostado en una cama reclinable, con todo el brazo derecho arropado por un grueso vendaje. De donde estábamos parados se veía a Jorge —a través de un grueso ventanal de vidrio— en primer plano. Al fondo se detallaba la silueta de un hombre mayor con todo el cuerpo lleno de vendas. Parecía momificado.

Cinco horas antes estábamos todos en el apartamento. Queríamos hacer algo en grupo, aprovechando que todos tenían el día libre, y gustó la idea de ir a un centro comercial a jugar bowling. El Tuyío, Cori y yo andábamos de vacaciones, pero el resto estaba ocupado con sus trabajos, así que teníamos que aprovechar ese día para salir en grupo. Todos estuvimos listos en el acto. Jorge pondría la nota diferente. Se quedaría en casa durmiendo. Estaba cansado. Al regreso nos tomaríamos unas cervezas jugando dominó, cosa que molestaba mucho a nuestros ancianos vecinos. Odiaban el ruido que hacían las piedras cuando chocaban contra la mesa. Pobres vecinos; tal vez no sabían que dominó sin ruido no es dominó.

La sala de bolos quedaba realmente lejos de la casa, pero casi no se notó la distancia. Cuando se está echando vaina con los amigos el tiempo acelera sus pulsaciones ¡Cómo echamos broma ese día en el metro! Parecíamos mamadores de gallo profesionales. Estábamos privados de risa. Hacíamos bromas entre nosotros y con nuestros compañeros de vagón. En un momento ellos comenzaron a reír también. Llegamos a la estación de destino. Cuando salimos a la superficie, todavía nos esperaban varias cuadras a pie hasta el centro comercial.

Mientras marchábamos desordenadamente, después de caminar largo trecho, el celular de El Tuyío empezó a sonar. Nosotros seguíamos jodiendo.

—¡Mierda, ya voy para allá!— gritó El Tuyío a su interlocutor por el celular. Su voz había pasado de ser alegre, para degradarse a un tono triste. Casi parecía llorar. Todo pasó en un segundo. Inmediatamente se dio media vuelta y salió corriendo en dirección a la estación de Metro.

Nadie preguntó nada y todos pegamos la carrera detrás de él. Yo no sabía por qué corría. Sólo pensaba que debía correr con fuerza. Sin detenerme. Todos lo sabíamos. El Tuyío corría muy rápido. Estaba desesperado. Corrió como nunca lo había visto correr en todos los años que llevo conociéndolo. Tal vez nunca más lo haga así. Llegó a la estación y justo pudo entrar en el tren antes de que las puertas se cerraran. Nosotros no lo logramos.

El regreso se hizo eterno. Esta vez nadie hablaba. No sabíamos qué había pasado. No podía ser algo bueno. El Master dijo, muy preocupado, que algo le había pasado a su hermano Jorge. Todos estábamos muy nerviosos. Cuando llegamos al edificio, nuestros ancianos vecinos nos informaron que una ambulancia se había llevado a Jorge. Ya El Tuyío había pasado por ahí. Nuestra tensión creció aun más. Fuimos de prisa al hospital.

Nos enteramos que en el séptimo piso del Hospital Universitario de Vall d'Hebron está la sala de quemados. Jorge tendría que estar ahí por varios días. Se quemó el brazo derecho y la mano de la forma más tonta. Estaba friendo unas papas. Pasó por el quirófano, porque tuvieron que hacerle un injerto de piel. Cuando llegamos al pasillo donde estaba el ventanal que nos separaba de la habitación ya El Tuyío estaba sentado a su lado. Vestía una bata de hospital, con su respectivo gorro y tapabocas. Los pacientes quemados deben ser tratados con mucho cuidado para evitar alguna infección.

Al principio nos comunicamos con señas a través del vidrio. Una enfermera se apiadó de nosotros y nos señaló un intercomunicador que estaba a un lado.
Jorge se percató y desde la habitación apretó el botón y dijo:

— ¡Aquí huele a parrilla!

Ese día parecíamos mamadores de gallo profesionales.

Nota del autor: Pido disculpas por no publicar las crónicas el día domingo.
Como dicen todos los que se excusan y no quieren dar explicaciones:
"fue por motivos de causa mayor".
Intentaré ponerme al día esta semana.
Les debo las recomendaciones y el Jurungando mi iTunes
que debería aparecer publicado hoy.


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16.6.06

No son amig@s

hijo

Tengo amig@s, las hormonas. Son todas especiales para mí. Tengo una muy querida, pequeñita la carriza. Es oscurita, chambeadora, diligente y bella como ella sola. Un verdadero sol bajo las palmeras, un ángel en la acera. Cómo la quiero, caramba. Otra tiene acento a pasta y zarandonga. Es la más linda de todas las lindas. A veces hermana, a veces platónica, pero siempre, pase lo que pase es ella. Siempre.

La diversidad es enorme, tengo hormonas grises, simpáticas, radicales, burrísimas, geniales, atrevidas, especiales, acromegálicas, universitarias y caseras. Mis hormonas definen cómo me siento en la vida. Tengo una en la tiroides que es enorme y cumbianchera. Se rindió ante el reguetón y a manera de broma expele sustancias controladas que producen metástasis a su alrededor. No es cancerígena (de hecho, no sé si existen hormonas cancerígenas), pero jode a ratos. Ella me ayuda, yo le escribo. Ella me enseña, yo la animo.

Hay una que me sube la bilirrubina cuando necesita glucosa, y me produce calambres estomacales cuando no. Tengo una, incluso, que no se dónde la tengo. Yo la llamo Copperfield, ella no lo sabe. Unas plaquetas dicen haberla visto cerca de las rodillas o del bazo. No hubo mayores comentarios al respecto.

Pero como dije o escribí, tengo hormonas de hormonas. Hormonas que no se hablan, no se oyen ni se ven. Hormonas que, como hormonales, son emocionales, primitivas, se ponen feas y hasta mezquinas. Unas joyas para querer toda la vida. Hormonas que abandonan, vienen y van y se vuelven a ir. Hormonas que desilusionan, que me arrechan y se arrechan si se les recuerda que no vagan solas por el amplio sistema circulatorio que da vida. ¿Lo mío será andropausia? Tengo de esas que entorpecen más que una gripe, más que una fiebre, más que un lunar con un pelo.

No se que haré con mis hormonas o que harán ellas conmigo. No se si algún día me desvanezca por falta de cohesión molecular o no, pero al final, tanto como al lunar como al pelo debo quererlas, como al ojo, como al codo, como a otra (y cada) parte de mí. Después de todo, no son amig@s, son hormonas.

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15.6.06

Fragmentos caraqueños


Título: A tus pies
Técnica: Reflex B&N
Locación: Quinta Crespo
Fecha: Noviembre 2005.
Autor: Marcos Mendoza Saavedra

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13.6.06

Jurungando mi iTunes


Esta semana:
Marvin Gaye

Criado en la capital norteamericana, el joven Marvin inició su paso por la música cantando en el coro de la iglesia donde su padre era ministro. Luego se convertiría en el consentido del sello musical Motown. De esta etapa son recordados los dúos con Tammi Terrell.

Al incorporar en sus canciones letras de denuncia social decreta la lenta ruptura con Motown, pero engendra el que es conocido como el mayor álbum soul de todos los tiempos: What´s going on, en 1971.

Marvin se hace adicto a la cocaína después de un par de fracasos musicales; es entonces cuando busca refugio en casa de sus padres. Grave error. El primero de abril de 1984 es asesinado por su padre -sí, el ministro de iglesia- de un disparo luego de una fuerte discusión.

La canción de hoy: I heard it through the Grapevine está llena de dolor y confusión, reflejada en la voz única de Marvin. Demuestra porque no es bueno enterarse gracias a chismes de alguna infidelidad ¿Será verdad lo que dicen? ¡Házmelo saber, nena!

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11.6.06

Crónicas de un mochilero (IX)


Un sonido familiar

Con la llegada de Cori a Barcelona se completaría el grupo de manganzones que se hospedarían en el viejo 101 de Concell de Cent. Éramos cinco hombres vulgarmente desordenados y, ahora, se unía a nosotros una chica que distaba mucho de nuestras actitudes regulares; lo de Cori no era la ropa tirada en el piso y las comidas a destiempo.

Convivimos los seis durante una semana, con todo lo que eso implica en un apartamento que tenía distribuido en sus sesenta metros cuadrados dos habitaciones, una cocina, una sala/comedor y un baño. Creo que entre todos nosotros, a pesar de la amistad de años, habían muy pocas cosas en común —además de tener que compartir el baño—. Los seis estábamos allá en distintas etapas de vida, con diferentes búsquedas, en ondas ajenas. Algún parecido con un reality show es pura coincidencia.

Cori es la novia de Carlitos, uno de mis grandes amigos desde la infancia. En poco tiempo ella se había convertido en una más de nosotros. Ese verano viajó hasta la península a visitar a unos familiares en las afueras de Madrid. Semanas atrás, estando en Caracas, quedamos en vernos en España. Barcelona sería, de nuevo, el punto de encuentro.

La primera salida con Cori la hicimos hacia los lados de la Barceloneta. Estábamos Arturito, el Tuyío y yo. Conoceríamos la playa más famosa de Barcelona. Nos tomamos las respectivas fotos con el Mediterráneo de fondo y caminamos largo trecho por la arena. Los chapuzones en la playa fueron pocos, porque, a pesar del caluroso verano, el agua de la playa estaba helada. Mientras recorríamos la costa comenzamos a escuchar a lo lejos algo que nos parecía, a todos, muy familiar. Desde la distancia no se podía percibir el sonido con nitidez. Decidimos caminar guiados por ese indescifrable ruido.

Mientras más avanzábamos, más crecía nuestra espectativa. Por fin, después de unos cuantos metros, pudimos entender, al unísono, cual era el mensaje. “¡Buenas noches, cuerda de jodedores!” Al escuchar eso, todos nos sorpendimos —como si hubiéramos presenciado una revelación de la Virgen de Fátima— y alguien dijo: “Mierda, El Conde del Guácharo está acá!”. Por supuesto, apuramos el paso. También está claro que no era el conde en persona, pero no importaba. Cuando llegamos al chiringuito de donde venía la grabación nos sentíamos en El Picoteo. Inmediatamente pedimos hablar con el dueño del kiosco y, obviamente, era venezolano. Sin pensarlo dos veces, nos sentamos y pedimos la primera jarra de sangría bien fría.

El ambiente estaba genial. Hablamos mucho y bebimos más. En un momento la mesa estuvo llena de jarrones que, no hace mucho, contenían sangría. El dj del sitio repitió mil veces un disco de Los Amigos Invisibles y no estuvo tan mal. La cosa iba muy bien, pero el clímax lo alcanzamos cuando se acercaron a nosotros un grupo de italianas bellísimas. Compartimos chistes y bebidas con ellas. Las tipas eran lindísimas. Para tener respaldo de ese encuentro comenzamos a tomarnos fotos con las ragazzas. Quisieron darse un baño de mar y nosotros, ni cortos ni perezosos, secundamos la idea. Pero no todo puede ser tan perfecto. En ese momento llegaron los novios de las chicas. Comprendimos que estábamos fuera de competencia cuando ellas entraron al agua en topless tomadas de la mano con su pareja.

Resignados —y bastante borrachos— nos quedamos sentados en la arena. Yo caí dormido en el acto. Al rato, Cori me levantó. Ella no bebe nada de alcohol. No le gusta. Así que era la más sobria en un perímetro de mil metros. Justo al despertarme aceptó, sin saberlo, una curiosa responsabilidad. Desde ese día se convertiría en la encargada de guiar nuestro camino durante y después de las peas hasta que llegáramos a casa. En especial las mías. Era —oficialmente— mi compañera de camino no alcoholizada.

Recomendaciones de hoy:
El blog: Rafael Nadal - El sitio: El Chiringuito - La peli: The Virgin Suicides, dirigida por Sofia Coppola - El trago: Sangría - La Ñapa: ¿Más salado que Raúl?

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