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11.5.08

Ni mis perfumes ni mis noches

Y pensar que comenzó como cualquiera, como la noche de rubeola. Es que la colección de epitafios fue eterna y la cosa es la querencia. Yo por cualquiera, como he dicho y ella. Hermosa, mi compañera. Otras veces olvidando y yo regresando. Es que las cosas pasan y el escritor está para contar sin ver. Y fue rápido, el principio, porque después llegó el suplicio y el dolor y las llagas de antaño y tú, flaca, que no comprendiste las súplicas detrás del mozo de buenas maneras que no. Y no. Y entonces la vida se va como un suplicio de venganza y sólo se entiende entre carnes y pieles. Rojo vivo. Rojo. Dolor en óleo que no se comprende y si no se aprecia y germinan las alabanzas por usted, maestro. Más allá quedan palabras para el bien y el mal. Expliquemos que el infierno es un verbo. Bienvenido, como el de las buenas ofrendas. Y las noches pasan sin mi, porque son suyas. Madame. Soy yo. Paso adelante y ahora nos toca comprender ¡Bla!

Me encontré solo y apasionado

20.6.07

¿Dónde estabas el 29-02-00?


Nina, en un texto reciente, recordaba varios aspectos de su vida en el año 2000 cuando Freddy Bernal llegó a la alcaldía de Caracas. Eso trajo a mi cabeza una duda que me aquejaba siendo niño. Cuando veía las películas o series policíacas norteamericanas, siempre entraba un detective, de malos modales, a preguntar al sospechoso qué estaba haciendo en determinada fecha. Era algo así:

-¿Señor, Smith, dónde estaba la noche del 7 de agosto de 1986?
A lo que el sospechoso respondía sin titubear:
- Ese día fui a cenar en Rigby´s con unos muchachos del trabajo. Estaba con nosotros Jimmy Wallace que siempre habla de los Dodgers. Tenía hambre y pedí un steak con french frites y bebí ginger ale, inspector Callaway. Todo estaba muy bueno..

Ante aquel destello de buena memoria, el señor Smith no podía ser culpable. Y si lo era, no valía la pena tener tras las rejas a un tipo con tan virtuoso don. Era mejor ponerlo a trabajar para alguna agencia del Departamento de Estado. Su coartada era fabulosa; la precisión de sus datos era brutal y nada más intentando corroborar aquella declaración daba tiempo suficiente para escapar a alguna isla del Pacífico. Ante la pregunta de los Callaway siempre los Smith lograban dar datos precisos de la noche del crimen. Y eso me sorprendía mucho.

De niño siempre pensé que si Callaway llegaba en su disfraz de distinguido Gutierrez a preguntarme algo, me las vería muy mal. Estaba destinado a ocupar algún espacio en la celda tal del pabellón cual en el Retén de Catia, cosa que no me animaba mucho después de ver varios episodios de “Alerta”.

Lo cierto es que gracias a Nina mis temores despertaron una vez más y, a modo de práctica, intenté resolver mi paradero la noche del 29 de febrero del año 2000. Escogí esa por ser el primer día bisiesto del milenio. Cronometré mi tiempo de respuesta. Después de 50 minutos sólo recordé:

Para esa fecha estaba entrando a la universidad. Estudiaba psicología, pero a esa altura del año académico ya sabía que iba a dejar la carrera. Eso quiere decir que definitivamente esa noche no estaba estudiando ninguna escuela filosófica. Era martes, por lo tanto dudo que en esa época, con 17 años y poca plata en el bolsillo, estuviera tomándome algo en algún local. No tenía novia y el carro no lo podía sacar de noche. Estoy seguro de no conocer a nadie que cumpla años ese día, así que no estaba celebrando nada. Además, en aquella fecha el Real Madrid perdía en casa contra el Bayer de Munich y seguro no andaba de muy buen humor para salir. Tal vez estaba en casa esa noche viendo televisión; puedo asegurar que no sintonizaba ninguna novela. Callaway, vestido de Gutiérrez, dudaría de mi declaración. Cualquiera lo haría. Gutiérrez/Callaway es muy astuto y yo no tengo la chispa de Smith. Tal vez tú sí ¿Recuerdas qué hacías la noche del 29 de febrero de 2000?

Ubicación al escribir esta entrada:
Latitud 10° 30' N, Longitud 66° 50'W