— Estás tomando las cosas como no son. Un poco de optimismo le vendría bien a tu vida. Ya que no quieres hacerlo, me pongo a tu disposición. Para eso somos amigas. Yo acá estoy al pie del cañón, como se dice. Pero la verdad no me gusta verte así. No vale la pena. No lo tomes a regaño, porque sé que eso es lo que menos necesitas en este momento. Además, entre nosotras las vainas no funcionan así. Te habrás dado cuenta a lo largo de todo este tiempo.
— Ya suenas a monólogo. Haz un poco de silencio.
— No es eso. Es que trato de ayudarte. ¿No lo ves?
— Sí. Las gracias están de más.
— En eso tienes razón. No hay nada que agradecer. Simplemente me nació. Vamos, levántate de ahí.
— La verdad, no tengo muchas ganas. Acá estoy cómoda.
— Eso lo puedo notar. Pero es mejor si lo haces a mi modo.
— ¿A tu modo? ¡No me jodas! No es por nada, pero creo que no tienes moral.
— ¿Pero qué pretendes ahora?
— Nada. Sólo te digo que deberías verte ahí. Estás más patética que yo cuando me encontraste.
— ¡No me jodas!
— No es joda. Te veo mal. Creo que la que necesita un poco de ayuda eres tú. Vámonos si quieres.
— No necesito ayuda. Vine aquí para estar a tu lado.
— Pero pareces más bien cómoda. Creo que yo soy una excusa.
— No necesito excusas.
— Claro. Ya, déjate de vainas. Vamos a levantarnos.
— No. Yo no necesito de tu compasión.
— No es compasión. Son puras ganas de ayudarte.
— ¿Ahora soy yo la que necesita ayuda?
— ¿No?
— Coño, no me vengas con esa.
— Te conozco. No tienes porque hacerte la fuerte. Si quieres quedarte ahí, por mi no hay problema. Total, entre las dos nos podemos hacer compañía.
— ¡Ahora qué estás insinuando! No estoy sola. No necesito compañía. Vine por ti.
— Vale. Está bien. Soy yo la que necesita de alguien. No discutamos más. Así nunca se resuelve nada.
— Okey. Me gusta que por lo menos lo aceptes. Ése es el primer paso.
— Claro. Nunca sonaste más aburrida. Pareces telenovela mayamera ¿Qué es eso del primer paso? Déjate de eso y haz silencio un rato. Eso vine a buscar.
— Está bien, pero que quede claro que me quedo, porque así me lo pides.
— Está bien, chica. Está bien.
— ¿Y ustedes dos qué hacen ahí?
— Cuento largo, mi amor. Ven para acá. Ven con nosotras y no hables.
— Coño, pero todo esto es muy bizarro. Parece la más oscura de mis fantasías.
— Sí, sí, sí. Si te quedas es para hacer silencio.
— Está bien. Pero me pueden explicar de qué va todo esto.
— Silencio. Calla y serás bienvenido.
— Coño, pero me pueden explicar, por lo menos, qué carajo estamos haciendo acá a esta hora. Somos los únicos.
— No hay nada que explicar. Si quieres te quedas. Sino, te vas. Por algo haz venido. Tal vez quieras hablar de eso.
— No, nada de eso. No quiero hablar.
— Muy sensato de tu parte.
— Sí. Yo me quedo.
— Entonces haz un poco de silencio que la película está por empezar.
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