6.7.08

Siete vidas de mosca común para el viernes

Primer acto
(en exterior. bar español en caracas. 20 extras que hacen las veces de clientes habituales)

tanto tiempo ha pasado. una eternidad. es mucho tiempo desde la última vez que fue viernes. llegar tarde al sitio habitual. maldita clase inútil. la gente ya está ahí. ponerse a tono y ordenar la primera con timidez de novato. el qué dirán. dame otra. hablar de esto y aquello. otra más. hay que subir de nivel. ya va, vamos con calma. dame una fría mientras. sabes qué, mejor uno puro con limón, porque no me siento bien de la garganta. en vaso corto y sin hielo, por favor. hablar cualquier vaina. la gordita de allá es para ti, bromeo. en el fondo sé que en un rato no me importaría mucho tomarla como propia, pero me lo reservo para no adelantar el momento; es pavoso. la gordita también lo es. escuchar con atención al interlocutor. probar el ron seco. amargo. démosle otra oportunidad. sigue amargo. es ron. es verdad, asiento. qué se escucha al fondo. esa canción la conozco. tarareo dudando. otro trago y a cantar mejor. me paro y al baño. un letrero dice algo sobre orinar agachado. primero muerto y apunto bien. me siento y pido otro más. la garganta no mejora; cosa rara. esta sí me la sé y canto. vamos a otro lado. okey, pero falta uno más. el del estribo. está bien. con calma. la cuenta. coñazo. beber duele. dame el de la casa, luisito. y ahí está. la felicidad es plena. nada como uno brindado. vámonos. cuidado que el piso está mojado. sí, sí, luisito. este carajo es un ídolo; nos sirve los tragos más fuertes de la ciudad y pide que seamos precavidos. ten cuidado tú al servir. vamos.

Segundo acto
(de día. interior. cuarto desordenado)

No quiero beber nunca más. ¡Qué mal me siento, no joda! No puedo seguir así. Ya son las dos de la tarde. ¡Qué bolas tengo yo!

Tercer acto
(de noche. exterior. calle con lluvia/interior de pub moderno. 7 extras que hacen las veces de borrachos habituales)

piso mojado. llegamos. hola, cómo estás. bueno, el mio que sea cuba libre. coño, mis panas, ustedes son bien depinga. eso que suena es deep purple. no, es la nueva de tito el bambino. mierda. qué bolas tiene chávez. sí, tenía que retirarse antes de la pelea contra de la hoya. quécoñaza. no le pares, ni que fueran familia tuya. coño, sí lo son, creo. vente y siéntate. huele a guayaba. voy pal baño y me sostengo de la pared. más bien la detengo para que no se caiga. ja. quién es esta flaca. hola, mi amor. balbuceo, balbuceo. ella debe estar peor que yo porque se ríe. zap. negro.

Cuarto acto
(anocheciendo. interior del salón de clases.  secundario -profesor joven con tono reflexivo-. cuatro extras que hacen las veces de alumnos desesperados por salir corriendo de ahí.)

-Son siete los días que han pasado ya desde nuestra última clase, bachilleres. Una eternidad. Siete vidas de mosca común.

fin.



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Jurungando mi Itunes


Julieta Venegas


Siempre pensé que Julieta Venegas necesitaba un novio; ahora que escucho su unplugged creo que el que anda muy solo soy yo. Es fresa, pero de pinga. No me da pena. Me gusta Julieta, su unplugged, como suena la tuba y volver a escribir en este espacio, en éste, el post 200. El sonido me parece como circense y me gusta. La mexicana ganó. En esta canción hace dúo con la talentosa Mala Rodríguez. La andaluza es un coñazo; desde su Lujo Ibérico con Tengo un trato me pareció una tipa distinta. Me lo ha dicho el viento.





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8.6.08

Tan bella mi Yeneida


Creo que haberme casado con Yeneida fue un error. Tal vez no fue una buena idea. Ella es muy linda y me quiere, pero hay cosas que me ponen a dudar. Por ejemplo, este fin de semana se fue para la playa con su ex novio. No sé, no me parece muy normal eso. Ella insiste en decir que soy muy chapado a la antigua. Tal vez tenga razón. De verdad me considero más bien conservador. Yo quería acompañarla, pero ella insistió en lo delicada de mi dermis y lo feroz del cáncer de piel. Yeneida se preocupa por mi. Tan bella. Bueno, no sé, tampoco me hace confiar mucho que el chamo del agua se la pase en casa metido cuando me voy al trabajo. No sé, es como raro. ¿Qué tanto puede hacer ahí dentro? ¿Para qué necesitamos tanta agua en casa? ¿Por qué ese buen hombre nunca nos ha cobrado ni un garrafón? La verdad, hay cosas que no entiendo. Lo que sí me incomoda un poco es el bendito camión del agua que se la pasa abajo ocupando tres puestos de estacionamiento. Ya me da pena con los vecinos. ¡Qué dirán de mi! Me siento un poco mal por estar dudando, pero es que hay unos detallitos que me dan cierto pálpito. Algo con Yeneida no anda bien. Ella tiene muchos primos y todos necesitan dinero. Yo les doy lo que puedo. Hay que arroparse hasta donde alcance la cobija. Lo curioso de sus primos es que son todos muy distintos. Tiene uno de rasgos asiáticos y hay otros muy rubios. Hay unos muy altos y fuertes. Otros parecen abuelos. Cuando les pregunto parece que no se conocen entre ellos. Hay familias disfuncionales, extrañas.
A Yeneida la conocí vestida de conejita en la despedida de soltero de mi compadre. Ella restregaba la colita esponjosita y blanquita de su disfraz contra la humanidad de los presentes y me pareció un bonito detalle. Nalgaditas le daban y ella, tan bonita, no se molestaba. Es un ángel. Así la vi la segunda vez, vestida de querubín haciendo piruetas en un poste cromado de un club no campestre. Yo no quería ir a ese sitio, menos mal que me insistieron. La volví a ver. Ella me reconoció en el acto, porque sin pensarlo se bajó de la tarima y se sentó en mis piernas diciéndome "papito" como aquella vez en la fiesta del compadre. Yeneida, tan bonita, me hacía cariñitos sin importar que los demás vieran. Eso es amor y del bueno. Lo supe porque cuando nos fuimos enseriando la convencí para que me acompañara a los viajes de negocio en Europa y el Caribe. Ella, tan Yeneida, aguantaba la incomodidad del hotel durante mis horas de trabajo. Pobrecita. Soy un desalmado. Tanto que se sacrifica mi nené y yo dudando. Seguro Dios me castiga y me abandona por andar con mis celos ridículos. Soy de lo peor. Un orangután mal pensado. A veces no lo puedo evitar. Los celos me invaden sin razón. Si la vieran. Es que es tan linda, tan bella mi Yeneida.

16.5.08

Crónicas de un mochilero XXIX


El tipo de la trompeta, si es que se puede afirmar tal cosa

La armonía no era lo suyo. Creo que la trompeta tampoco le pertenecía. Quién es este caballero que desafina por allá, un domingo, en el patio de un hostal cerrado. Alguna vez fue pelirrojo. Una hebras insípidas lo delatan; ha quedado calvo. Usa unos lentes a lo Scorsese, que, a decir verdad, le dan un toque amistoso, como a Scorsese. Tendrá más de cuarenta años y todo el aspecto de un belga promedio, si es que se puede afirmar tal cosa. Comencé a elucubrar. Tengo como hobby hacer eso con los desconocidos. En unos segundos deduje que era uno de esos serial killers de una película danesa. Me pareció un cliché rebuscado. Tampoco tuve mucho tiempo para pensar en algo más. Lo intenté otra vez. Mientras me acercaba para hablarle tuve la idea de que más bien era un profesor, frustrado tal vez, que venía a este rincón, con un poco de rubor, a exhalar en soledad unas notas que, evidentemente, necesitaban más de algo de talento que de unas horas de práctica. Tal vez fue el paltó desgastado que vestía en pleno verano, las gafas, el maletín negro que reposaba a un lado del estuche de la trompeta que no dejaba de sonar, rompiendo con la armonía de aquella redoma repleta de flores, lo que me hacía dudar que este tipo pudiera entrar dentro de la curva de lo normal, si es que se puede afirmar tal cosa. Cuando estuve a unos dos metros de aquel individuo, que con la cercanía me producía un poco de lástima -porque su soledad se me hacía indescifrable-, la trompeta dejó de sonar. Hola, trabajo acá. También espero a que sean las catorce.

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Disculpas a la muchachada

Lo de los textos anteriores no se debe a ninguna elucubración magnífica alrededor de quien escribe. Un experimento más. Explotó en la cara. Inventamos o erramos, dicen por ahí. Pasará otra vez. Eso seguro.

11.5.08

mala mía

drunking winehouse revival

la la la, la la la

no . no . no .

chasquido, chasquido, chasquido

silencio

chiste

risas. (mías que entendí)

silencio

no, no, no

chasquido, chasquido, chasquido

no, no ,no 

palmas (plac) palmas (plac) palmas (plac)

éste carajo es un intenso. está borracho

nou, nou, no.

i do i do i do

roger moore, i told ya!


Ni mis perfumes ni mis noches

Y pensar que comenzó como cualquiera, como la noche de rubeola. Es que la colección de epitafios fue eterna y la cosa es la querencia. Yo por cualquiera, como he dicho y ella. Hermosa, mi compañera. Otras veces olvidando y yo regresando. Es que las cosas pasan y el escritor está para contar sin ver. Y fue rápido, el principio, porque después llegó el suplicio y el dolor y las llagas de antaño y tú, flaca, que no comprendiste las súplicas detrás del mozo de buenas maneras que no. Y no. Y entonces la vida se va como un suplicio de venganza y sólo se entiende entre carnes y pieles. Rojo vivo. Rojo. Dolor en óleo que no se comprende y si no se aprecia y germinan las alabanzas por usted, maestro. Más allá quedan palabras para el bien y el mal. Expliquemos que el infierno es un verbo. Bienvenido, como el de las buenas ofrendas. Y las noches pasan sin mi, porque son suyas. Madame. Soy yo. Paso adelante y ahora nos toca comprender ¡Bla!

Me encontré solo y apasionado

28.4.08

ocho cosas

La Perfecta me trajo hasta acá. Otro meme. La tarea: enumerar ocho cosas que quieres hacer antes de morir. 

1.- Tener hijos. De varios tamaños y  colores. Pueden ser cinco, aunque es negociable. Procuraré no radicarme en China hasta que estén mayores.
2.- Escribir un buen libro.
3.- Hacer una película de bajo presupuesto que no me dé pena.
4.- Vivir frente a la playa.
5.- Trabajar como voluntario en alguna misión en un sitio inhóspito.
6.- Ir a la final de un Campeonato Mundial de fútbol y a la inauguración de unos Juegos Olímpicos.
7.- Viajar a más sitios de los que pueda recordar.
8.- Tocar la nieve.

En teoría, ahora deberían hacer lo propio ocho blogueros. No llego a tantos. Entonces: Elqueescribe, hijo, Bono, Lamássimpática, +Ari y Flequillo tienen tarea.

24.4.08

Raúl Amundaray


Pasó el momento. Yeneida no te recuerda. Ni nadie. El tiempo te sepultó. Ya no es lo mismo. Nótalo. Date cuenta. Es así. Warhol te maldijo, como lo hizo con la Taylor. Pero ella es la Taylor y tú no. Ahora debes explicarte un poco mejor para que te comprendan. No hay sobreentendidos. Las cosas como son. Sin jugueteos. No tienes tiempo para eso. Ni encanto. Ni nada. Pensaste que podías recuperarlo, pero sólo rehiciste una mala versión de ti. El peo es que pensaste. Y sigues pensando. Soñando de pie. Asume. Reinventa. No insistas con lo mismo que aburres. Da sueño. Pero no respondas, porque se enteran. Albertico Limonta no existió, chamo. Sólo eras tú. Una vez más. 

22.4.08

Textos incompletos

Como algunas cosas no se pueden hacer sin algo de ayuda, decidí llamar al ruso. Para hablarles del ruso, es necesario que antes les cuente cómo lo conocí.

El punto de encuentro era la estación del metro de Sabana Grande. A mediados de los años noventa era el sitio perfecto para adolescentes ociosos en temporadas vacacionales. Yo siempre estaba ahí. Por adolescente y, más aun, por ocioso. La vida de un joven en una ciudad como Caracas está íntimamente ligada a sus amistades y a la calle, que vienen a convertirse en lo mismo. Los amigos y la calle se transforman en definición única que deriva, siempre, en problemas.

Ese encuentro con el reto permanente que representa la inmensidad de una ciudad perpetrada por nosotros hacía que aquellas horas irrigaran sangre con violencia dentro de nuestros cuerpos, cuando corríamos con suerte. Culpa de la televisión o de la falta de identidad, dirían algunos. La verdad nadie tiene la culpa, simplemente las cosas callejón abajo son así.

Vivir de esta manera, retando lo que viniera, poniendo el pecho al sistema que nos tragaba, y nos devoró a la larga, hacía que pasar las noches encerrado dentro de un apartamento valiera la pena. No importaba lo chica de tu habitación, si la compartías con alguien o no. Ese lugar era sólo un sitio cómodo en donde dormir. Luego vendría la calle y ese cuarto con tv era el castigo por lo que estabas por hacer al día siguiente; también tu refugio, porque de seguro en algún momento lo ibas a necesitar.

La ciudad que conocimos entonces -y que nos dio a conocer- era una urbe irreverente. No podría calificarla de ciudad tipo, porque rompía con todos los esquemas citadinos convencionales. Tal vez no era la más populosa, ni la más peligrosa. Tampoco la menos transitada o la de menor extensión. Era indescifrable para nosotros mismos y los teóricos no han logrado atinar. A Caracas nunca le fue bien en materia de estadísticas, nunca resaltó. Lo suyo no era cuantificable. Había que palparla como lo hicimos nosotros entonces. Desde sus entrañas, sin saberlo.

Descubrimos que en este valle se esconde maldad disfrazada tras la fama de ciudad afable. Caracas por dentro está llena de injusticias, de desequilibrios que en su momento logramos asimilar, pero no para bien, sino para seguir fermentando la descomposición de una ciudad de post guerra en un país que ha vivido por décadas en "paz". Caracas no es el Ávila, ni la cuna de nadie. Es el epicentro del mundo, nuestro, que no se cansaba de dar bofetadas para que asimilaras la realidad más allá del estómago a medio llenar.

Fue acá donde nos criamos, nos hicimos prepotentes y renegamos de todo. En esta ciudad aprendimos que las bombas caían y no explotaban, así que perdimos el miedo. No nos asustan los índices delictivos, no tenemos miedo a los muertos. Nos acostumbramos a ello y ahora son sólo cifras que venden una fama bien habida, pero llena de hechos parciales. La ciudad que no está en las páginas de sucesos está repleta de pasión, pero los editores no comprenden de eso. Pobres. Encerrados en frías oficinas, vistiendo trajes helados, hablando de esto y de lo otro, diciendo que saben, cuando no tienen idea. Acá se ama, y mucho, pero a nuestra manera que, por parecer irracional, pasa por punto ciego. “Vivo en Caracas” es una frase compleja, señores.

Las llagas dejaron cicatrices y sólo así comprendimos que todos es cuestión de azar y nuestra suerte es infinita. Acá, más allá de las fallas de suelo, no tiembla. Si pasa, no nos preocupamos hasta ese día. Problema, resolvemos. A medias, o a fondo, eso queda en cada uno. Es la dinámica social que impone la jungla y que todos hemos aceptado. Firmamos y no leímos las letras pequeñas. Nunca nos interesó leer.

Entonces, en los años que descubrimos todo, nos movíamos entrañas adentro. El metro es seguro, reconfortante. La gente, la masa, se comporta distinto allá abajo. Pareciera que el infierno está arriba y dentro de la tierra reina la cordura y la decencia. Es una de esas contradicciones caraqueñas que no se pueden entender. Parte de la doble moral que te obliga a estudiar con las monjas sabiendo que te graduarás un poco más pervertida, niña. No es algo que esté bien o mal. Simplemente existe, acá, en el trópico. Siempre me encantó pensar que todo era culpa del trópico. Entiendo que es nuestro encanto genético. Una savia espesa que transpiras.

Esa mañana subí por las escaleras mecánicas. Lentamente, a su ritmo, iba ascendiendo hacia la luz que me encandilaba. Ese resplandor del que otros escapaban. La adrenalina se apoderaba de mi. Esa sensación nunca la olvidaré. Siempre tengo latente ese vacío en el estómago, el vértigo que me producía salir a ras de suelo, esa incomodidad en el esternón que con el tiempo no sentí más, pero tengo muy fresca en la memoria.

Aquella vez había llovido, como de costumbre esos meses. El agua se acumulaba en los desniveles del asfalto. Habían charcos colocados aquí y allá. Estaban por todos lados. Siempre los pisaba fuerte para salpicar. Irritaba a los que notaban mi estupidez. Aprendí a no tomarlos en cuenta. Las tiendas varias a cada lado del boulevard estaban abiertas y había mucha gente caminando en sentido a Plaza Venezuela. Cuando veía la tromba venir hacia mi, los embestía. Idiota me decían. Así me sentía, pero las terribles ganas de arrollar a los anónimos se apoderaba de mi diminuta humanidad. Necesitaba hacerles daño, molestarles y que notarán que estaba ahí. ¡La tuya! Y a reir, idiotas.

Usaba franela de Metallica, o de Nirvana, o de Gun´s, o la que fuera. Era el ritual más estúpido entonces. No. Hice cosas peores. Mi madre habría pagado fortunas que desposeía para que mi idiotez más grande fuera tener a Cobain en el pecho. Mis franelas siempre estaban tan desgastadas como mis jeans, mis únicos pantalones, los que recuerdo y siempre usaba. Roídos, no por la moda del momento, sino por el uso excesivo. Mi descuido al vestir era reflejo de mi filosofía de vida. Igual que aquel tatuaje rudimentario que nos hicimos con tinta china, una aguja caliente y poca destreza. O las laceraciones en los brazos producto de los cigarros que apagábamos en la piel y consumían de a poco la dermis, la epidermis y dejaban ampollas agradables en los brazos. No importaba el mañana, porque la desesperanza era total. Con 16 años de edad se es inmortal y se vive como tal.

No era de los que tocaba guitarra, pero nunca fue problema para mi hablar de música, jugar y ganar en las maquinitas de Chacaíto y fumar aquellos Fortuna, cigarrillos económicos que comprábamos junto a los obreros de turno. Todas estas banalidades eran tan sólo nuestra forma de mantenernos a raya de la verdadera pasión en aquellos años convulsos de ciudad. Antes, hablemos del ruso.

Papelera a rebosar

Escribir. Borrar. Comenzar de nuevo. Borrar otra vez. Publicar con temor. Volver a escribir. Que todo se vaya al carajo ¿De qué vas? No lo sé. Inténtalo. En eso estoy. Se me hace difícil. Escribir.

No me gusta nada de lo que escribo. No me siento orgulloso de eso, ni de esto. Quiero experimentar, pero se me hace jodido. Tal vez es una etapa que debo superar para llegar a algún lado, pero no soporto engendrar a un mal querido. Hay que practicar y no temo, pero me estoy cansando. Tengo mil historias en la cabeza, mil cosas que quiero contarte, pero no hallo la manera de llegar. Es complicado complacerme en estos momentos y tú debes padecerlo. Poco importa la mujer que caminaba de espaldas vendiendo suerte a extraños si no puedo lograr que la sientas. De nada vale el olor bondadoso de su cuello erizado por mis roces si no logro que lo vivas. No te puedo hacer reír, porque adeudo una sonrisa. Nada bueno sale en estos días, pero quiero revertirlo y no sé cómo empezar. Cosas del aprendiz que no aprende. Qué se le va a hacer.


Anamorphic love sense

There’s no shape. Not at all. Some times it could be hard to describe. Most of the time there’s no reason to. It just happens. Now, you have to deal with it, like a big thing, a huge monster that lives inside of you triying to get out. You don’t have any chance. That’s the best thing.
Talking about it doesn’t make you feel better, no. So, don’t talk. No one word. Just keep the silence, feel, touch the time with your hands and reach the holly.


Pendejo, regálame tu tiempo

La realidad es una vaina seria. No es que quiera comenzar con una charla barata de filosofía barata. Es que la realidad es una vaina bien seria. Comenzando por el hecho de que cada quien construye eso que defiende como realidad, sin saber que es apenas su realidad. Por lo tanto, vivimos inmersos en una fantasía, nuestra fantasía, que crea algo que llamamos realidad, que en realidad, es sólo mi realidad, tuya o de él.

A ver. Sólo tú has vivido las experiencias tuyas, que son las que se acumulan a lo largo de tu historial muy tuyo. Estas experiencias, tuyas, son las que construyen ese background que te ayuda, o no, a construir tu realidad. Ahora, es imposible que el jugo de melón que pediste en aquel almuerzo te sepa igual que el jugo de melón que pedí yo ese mismo día, aunque puedes jurar que así es, porque te niegas a aceptar que tu realidad no es la realidad de otros.

Imponer tu realidad a otros es pretender borrar a aquellos de un coñazo cósmico. Primero, es imposible y, por otra parte, es muy pretensioso de tu parte ya que, para mi –obviamente- eres un pobre pendejo, aunque para ti seas el centro del universo, tu universo. Entendiendo las cosas de esta manera, este texto te puede parecer la peor basura que nadie jamás escribió. Es cierto, para ti. Pero en otra realidad, la mía, es una excusa perfecta para no perder el hábito, jugar con tu tiempo y ejercitar unas manos que parecían entumecidas ya.

Ah, y también sirve para decirte pendejo en tu cara, desde acá.