11.5.08

Ni mis perfumes ni mis noches

Y pensar que comenzó como cualquiera, como la noche de rubeola. Es que la colección de epitafios fue eterna y la cosa es la querencia. Yo por cualquiera, como he dicho y ella. Hermosa, mi compañera. Otras veces olvidando y yo regresando. Es que las cosas pasan y el escritor está para contar sin ver. Y fue rápido, el principio, porque después llegó el suplicio y el dolor y las llagas de antaño y tú, flaca, que no comprendiste las súplicas detrás del mozo de buenas maneras que no. Y no. Y entonces la vida se va como un suplicio de venganza y sólo se entiende entre carnes y pieles. Rojo vivo. Rojo. Dolor en óleo que no se comprende y si no se aprecia y germinan las alabanzas por usted, maestro. Más allá quedan palabras para el bien y el mal. Expliquemos que el infierno es un verbo. Bienvenido, como el de las buenas ofrendas. Y las noches pasan sin mi, porque son suyas. Madame. Soy yo. Paso adelante y ahora nos toca comprender ¡Bla!

Me encontré solo y apasionado

2 comentarios:

Consuelo dijo...

Interesante lo que sale de tu soledad y pasión.

Fénix dijo...

Pablo...que te dije del crack antes de escribir???

saludos, ex amigo