3.4.06

ma vie c’est comme ça!


“¡La vida del güevón es triste y confusa!”. Eso fue lo que exclamó hace bastante tiempo un amigo que ahora está viviendo en otra ciudad. Estabamos reunidos un grupo de colegas y eso fue lo que dijo aquel muchacho sin saber las repercuciones que traería esa frase en mi vida. Uno de los jodedores presentes inmediatamente lo bautizó como: el filósofo. Ahora que lo pienso, fue ese mismo jodedor el que calificaría años después a Daddy Yankee como el filósofo de los nuevos tiempos por su famoso “Lo que pasó, pasó”. En fin, nuestras charlas cuando nos juntamos alrededor de alguna botella de licor son bastante profundas, como podrán deducir.

Hoy me encuentro bastante enfermo. Tengo algo muy parecido a la gripe aviar. Me siento mal, como el que más. Me incomoda sentirme así. Siempre me jacto de disfrutar de buena salud, pero hoy estoy estropeado. Al mover los ojos siento dolor. Justamente hoy, cuando tenía previsto iniciar una rutina más saludable. Ya me había mentalizado: “Lo primero que debo hacer es levantarme muy temprano, para prepararme un desayuno nutritivo, leer un buen libro mientras hago la digestión y luego salir a trotar por dos horas”. Lo que en realidad pasó: me levanté al mediodía sintiéndome terrible, prendí la computadora y me puse a leer el blog. Lo actualicé. Son las 3 de la tarde y aun no he comido nada.
Inmediatamente recordé, como tantas veces lo había hecho en el pasado, las palabras de el filósofo.


Decidí acostarme en la cama a esperar a que pasara el malestar, tratando de buscarle una respuesta lógica al por qué de aquello. Según lo que me dijo mi hermana, —que no es médico, sino estudiante de veterinaria— mi malestar es producto de algo que comí. Hice un esfuerzo para recordar todo lo que había ingerido y no di con nada fuera de lo normal. En estos días no he comido en ningún perrocalientero, ni he probado bocado que no cocinara yo. Tampoco bebí nada de alcohol el fin de semana, así que no es culpa del ron. Mi hermano, que a pesar de ser más joven que yo siempre ha sido más maduro, me recomendó que no fumara hasta que me sintiera mejor.

—¿Tú crees que estoy loco? Ni de broma me voy a poner a fumar— le dije mientras ocultaba bajo la sábana lo que me quedaba de una caja de cigarros y el encendedor.

Cuando salió de mi cuarto, saqué la cajetilla y estuve a punto de prender un cigarrillo, pero reflexioné ¡No debo hacerlo! Tomé el empaque y comencé a leerlo detenidamente, como si nunca hubiera tenido uno entre mis manos. En ese momento mi rostro se tornó triste y confuso. Después de diez años fumando, descubrí que los cigarros tienen fecha de caducidad. Los mios estaban vencidos desde diciembre.

— ¡Estoy intoxicado con pangola!— grité en mis adentros y recordé inmediatamente que el filósofo viene de visita en estos días.

Recomendaciones de hoy:

El blog: Pande Blog (Sin humo) - El sitio: Clínica Laser - La peli: Nicotina, dirigida por Hugo Rodríguez - El trago: Dana's Nicotine Fit - La Ñapa: Bigott te enseña a dejar de fumar

Ubicación al escribir esta entrada:
Latitud 10° 30' N, Longitud 66° 50' W

6 comentarios:

hijo dijo...

así como los cigarros, también los alimentos, detergentes, promociones notificadas al indecu, la liguita del interior, el viaducto, la felicidad eterna, el arte, la moda, el olvido, la gente, las caraotas y el maní garrapiñado tienen fecha de vencimiento.

Marcos dijo...

hermanazo, a pesar que viví en ese emporio y me mantuvo el bolsillo por un año - además de otras experiencias - no recaí en el viejo inhala-exhala, inhala-exhala.... quizás lo que te pasó sea una señal... no lo sé... imagínate si en vez de un Belmont hubiese sido un Durex...

hijo dijo...

ah coño, y los condones del ministerio

Anónimo dijo...

Me preocupa eso, hijito, recuerdo que el lunes bondadosamente me regalaste uno de esos... ¡con eso no se juega!

hijo dijo...

hijito? ya basta de tantas madrecitas... amamanten o dejen de joder

Anónimo dijo...

Jimmy, Jimmy, la llegada del filósofo es implacable. Al pensar en él es inevitable no escuchar la frase, "triste y confusa", en nuestra mente. No es casualidad que te pase eso --lo que sólo le pasa a un tremendo güevón-- justo en los días previos a la llegada de este buen amigo. No sólo viene para visitarnos, viene para hacernos recordar que no podemos escaparnos de su máxima.
Recuerda que él siempre tuvo la bondad de utilizr su frase la mayor cantidad de veces con nosotros, "sus amigos", en los momentos en los que uno peor se sentía, cuando esperabamos palabras de aliento de su parte, en ese instante, esa frase destilaba por su boca. Esto te ocurrió para que Nestoridis, ese anciano de calva prominente y de larga barba blanca pueda jactarse de, y con, su frase.
Por último, creo ser el personaje "jodedor" que en tus letras bautizó al filósofo y a Daddy Yanquee. Te lo comento por Mr. Daddy según mi propuesta no es el filósofo de los nuevos tiempos, filósofos solo hay dos: Nestoridis y Vico C. Ante una prosa tan exquisita y bien elaborada, frase que es una máxima de la vida de cualquier persona, el "lo que pasó, pasó", hace que Daddy Yankee sea merecedor de la distinción: El poeta posmoderno de Puerto Rico. El poeta, ese es el sobrenombre de mi pana Daddy, no el filósofo.
Bueno, Jimmy, espero que durante la estadía del filósofo en esta ciudad no se te presenten más eventos que conlleven a la palabras de este personaje.

FiftyUanA, etc, etc, etc...

PD: Diosssssssssssss, shabal, tienes que ver ultimate fightin, estaba terminando de escribir esto hasta que vi el trío de manos que en la nariz le sonó un monstruo a otro, verga, ¡qué duro! Qué sé yo, tal vez te inspiras a escribir algo con esos mochitos.